“Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (Mt 2,3)

Mons. Mario Iceta    Queridos hermanos y hermanas:

1. El comienzo del nuevo año viene jalonado por diversas fiestas litúrgicas que nos ayudan a profundizar en los objetivos del Año de la fe que estamos celebrando, así como en los objetivos de nuestro IV Plan Diocesano de Evangelización para este curso pastoral, que resumíamos con las acciones de “acoger, salir, proponer”. 

2. La fiesta de la Epifanía, conocida como de los Reyes Magos, adquiere una particular importancia en este contexto. Epifanía significa manifestación. El Señor se muestra ante el mundo como luz de las gentes, como camino hacia nuestra propia plenitud, como modelo de toda vocación humana. Al mismo tiempo, los Magos de Oriente han sido concebidos en la Tradición de la Iglesia como expresión de los diversos pueblos de la tierra que vienen al encuentro de esta admirable manifestación de Dios nacido en Belén. Efectivamente, los Magos perciben en ese signo particular en el cielo, en la estrella, una llamada a salir de su tierra en la búsqueda del Mesías que ha nacido, del Enmanuel, Dios con nosotros. También hoy Dios se sigue manifestando en tantos signos y de diversos modos. Quizás necesitamos un colirio que alivie nuestra ceguera y que nos permita verle presente en los acontecimientos que jalonan nuestra existencia. 

3. Pero los Magos de Oriente no se quedaron contemplando la estrella; se pusieron inmediatamente en camino. Salieron de sus comodidades y seguridades emprendiendo un camino desconocido, pero guiados por la estrella y, sobre todo, por la esperanza de encontrarse con el Mesías. También la humanidad de hoy necesita recuperar la esperanza y mirar a lo alto. La esperanza cierta es un Dios que se ha hecho hombre por amor a nosotros. Es una pena contemplar a muchos de nuestros hermanos que han perdido esta esperanza, que no han adquirido la paciencia suficiente para saber esperar. Nosotros estamos llamados a ser portadores de esta esperanza, y ayudarles a recuperarla. Aprendamos de los Magos que no se detuvieron, auque viajaban a tientas, a oscuras, preguntando aquí y allí, hasta que se encontraron ante el Portal de Belén y pudieron contemplar, adorar y ofrecerse a Quien ha venido a ser luz, vida y esperanza. 

4. El encuentro con el Señor produce un cambio radical y profundo. Los Magos ya no vuelven a sus lugares de origen por el mismo camino. Vuelven por un camino distinto, por el camino nuevo que es el Señor, cantando el cántico nuevo del que nos habla el libro del Apocalipsis, propio de una vida renovada por la gracia y la caridad. Este encuentro profundamente renovador, que nos hace criaturas nuevas, tiene lugar en nosotros el día de nuestro santo Bautismo. En Palabras de Benedicto XVI, “La puerta de la fe (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él” (cf. Jn 17, 22). 

5. El Bautismo nos constituyo en una relación nueva con Dios: hijos del Padre en el Hijo, hermanos de Jesucristo, Templos del Espíritu Santo. Y nos agregó a una familia nueva que se llama Iglesia, Pueblo de Dios, con dimensiones reales, proféticas y sacerdotales. Se nos dio la vida nueva que alcanza la eternidad. Nos convirtió en discípulos del Señor y, por eso mismo, se nos dio la misión de ser testigos y misioneros. Es un pueblo nuevo que no conoce fronteras. Por eso, en la celebración del día de los inmigrantes, podemos decir que en la Iglesia no hay ni extraños ni forasteros. Todos somos hermanos de una misma familia. El pueblo cristiano es pueblo de acogida, como Cristo el Señor, que acogía a todos y los vinculaba a sí, reafirmando su inalienable dignidad de hijos e hijas de Dios. En estos momentos de dificultad, seamos generosos con los que más sufren y, en este caso, las personas que han venido de tierras lejanas se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. 

6. Los Magos de Oriente, venidos de diversas culturas y pueblos, convergen en el Portal de Belén. El Señor Jesús oró al Padre para que fueran derribados todos los muros que nos separaban y fuéramos uno en Él. El misterio de Pentecostés, en el que aparece una admirable unidad en la diversidad de lenguas, fruto de la efusión de la Persona Amor, el Espíritu Santo, supera la división producida en Babel a causa de la soberbia y el desencuentro. También el mes de enero se ve enriquecido con la celebración del octavario de la unidad de los cristianos. Todos somos convocados en el Camino de la fe y también el año de la Fe tiene como objetivo avanzar en la unidad tan deseada por Jesús. Que Dios bendiga este año que comenzamos. Muchos auguran que seguirá siendo un año de extrema dureza a causa de la crisis. Procuremos todos colaborar con generosidad para ser ungüento y ayuda para paliar en lo posible las estrecheces de tantos hermanos nuestros. Que el Señor nos ayude. Pido para vosotros su Bendición. Con afecto. 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
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Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.