¡Un cristiano es un bautizado!

Mons. Francesc Pardo i Artigas     Sí, un cristiano ciertamente es un bautizado que se esfuerza por vivir intensamente su bautismo.

Este domingo, tras las fiestas de Navidad y de Reyes, celebramos la fiesta del bautismo de Jesús por Juan Bautista, allá en el Jordán. No era el bautismo que nosotros recibimos, puesto que era un bautismo de penitencia, de preparación para acoger sinceramente al Mesías de Dios. Jesús se coloca en la fila de los pecadores, se identifica con el pueblo y se convierte en alguien que manifiesta que es el hijo de Dios. De hecho, aquel bautismo de Cristo sólo se puede entender e interpretar desde nuestro bautismo.

El bautismo nos hace hijos e hijas de Dios, pero no hemos de cansarnos de vivir lo que eso significa en nuestra vida, ni de valorar y agradecer este gran regalo. Ser bautizado es el título más importante que se puede tener en este mundo, la dignidad más excelente.

Muy a menudo, en sesiones de catequesis con niños, yo les preguntaba cuál es el título más importante que se puede dar y que les gustaría tener. Las respuestas son muy significativas y sinceras: que si Messi, que si Xavi, Pau Gasol, un cantante jovencito del cual no recuerdo el nombre, una artista de cine, una modelo, un hombre rico, un campeón de motos, Fernando Alonso… Al acabar las respuestas yo les digo que se equivocan, que el título más importante lo tiene cada uno de ellos: «Ser bautizado, ser hijo o hija de Dios». No hay nada más importante y de más valor en este mundo. Se quedan sorprendidos, pero es un buen momento para explicar qué ha significado su bautismo y las consecuencias que esto tiene para su vida.

En la celebración del bautismo —al comienzo, rito de acogimiento—, tras los saludos y de preguntar el nombre que se impondrá al niño, el celebrante se dirige a los padres y les pregunta: «¿Qué pedís a la Iglesia de Dios para vuestro hijo o para vuestra hija?». Los padres responden: «La fe, la gracia de Dios, el Bautismo».

Escribe el Papa Benito: «La puerta de la fe (cfr. Ac 14,27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada a su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Es posible atravesar este umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esta puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cfr. Rm 6,4), con el cual podemos denominar a Dios con el nombre de Padre, y se cierra con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a quienes creen en él (cfr. Jn 17,22)».

¿Cuál es el gran reto de la Iglesia en estos momentos?

Ayudar a redescubrir o a descubrir el significado y el valor del bautismo, recibido mayoritariamente de pequeños, porque ciertamente es el mejor tesoro para la vida.

¿Cómo? No esperamos recetas mágicas. Dejémonos guiar por la sabiduría de la Iglesia, de tantos siglos. Me fijo, ahora, en la etapa educativa y de formación.

– El catecumenado para los adultos y jóvenes no bautizados de pequeños.

– Comunicación personal con los padres que piden el bautismo, para que sean conscientes de su responsabilidad.

– Explicitación, en la preparación al bautismo, de lo que significa ser bautizado, de lo que recibimos y de lo que se nos pide. A la vez, explicitar la propuesta de Jesús para la vida.

– Ofrecer algún tipo de ayuda y de material para que se facilite la educación cristiana desde los primeros años de vida.

– Una opción seria para que los hijos participen en la catequesis desde la etapa infantil hastala adolescencia. Yrecordar que los adultos también necesitamos formarnos en la fe.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 357 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.