El gozo en la vida cotidiana

 Mons. Juan del Río      Finalizado el bullicio, la fiesta y los encuentros navideños, se regresa a la vida ordinaria con sus horarios, obligaciones y quehaceres. Para el hombre y la mujer que viven sumergidos en el nihilismo divertido de la cultura actual, la vuelta a la rutina de la vida cotidiana, les produce horror, estrés y otras muchas hipocondrías. Ese fenómeno revela la enfermedad de nuestro tiempo que es la soledad de la persona y la ceguedad existencial  para disfrutar de  la belleza de la vida diaria.

El descanso nos viene pedido por el Creador (cf. Gen 2, 1-3) La fiesta es expresión, en un tiempo privilegiado, de la necesidad que el ser humano tiene de la alegría para poseer una existencia lograda. A la vez, debe ser estímulo para encarar con energía renovada cada nueva semana o periodo posvacacional.

Lo insoportable del vivir de cada día es la carencia de gozo en lo que se hace, se experimenta o se vive comúnmente. Esto suele suceder, entre otros motivos, por la falta de realismo en el planteamiento de la vida personal, social y profesional o simplemente sobra irritación, que deteriora el buen tono en la convivencia familiar y general.

Hay que comenzar este inquietante 2013 con el firme propósito de redescubrir la belleza y el gozo de la propia rutina, para ello os propongo la medicina del un buen humor, de la amabilidad y de la comprensión. ¡Cuántos problemas se solucionarían evitando los malos modos y ejercitando el apostolado de la sana  sonrisa a nuestro alrededor! 

 El humor ha sido objeto de estudio desde la Filosofía antigua, pasando por la Teología, hasta la Psicología moderna. No han faltado ejemplos de santos, como San Felipe Neri o San Juan Bosco, que hicieron del regocijo y el júbilo vehículos de su pastoral y contacto con los demás.

 Se puede hablar del humor desde muchos puntos de vista. Así, para unos,  se trataría de un dispositivo de liberación de tensiones nerviosas. Para otros, sería la reacción espontánea ante una situación cómica. Hay quienes lo experimentan como consecuencia de la incongruencia entre diversas ideas o situaciones desiguales. Pero todas esas teorías hacen del humor algo que viene dado desde fuera, como un componente psicológico que define cierto comportamiento.  El chiste y la broma son juegos de lo cómico con lo irónico, con la sátira y otras caricaturas. Es evidente que no todo lo humorístico termina en risa, pero hay risas que no provienen de ahí, sino que son un mecanismo de defensa.

 Sin embargo, quiero referirme al humor, no como una actitud jocosa, que en ocasiones se da, sino  como algo “serio”, como una pretensión de sentido, de delicadeza y humanidad. El buen humor es la capacidad de encajar serena y valientemente las cargas de la vida. Es saber hallar en cada instante el lado amable de la cotidianidad. Esto es muy importante a la hora de completar la madurez personal y la vida de fe. A este respecto, X. Zubiri decía que la persona tiene que ir “esculpiendo su propia estatua”. Esto se puede realizar de diversas formas: siendo muy estricto en todo, trayendo consigo el mal humor, la angustia, el sufrimiento; otra manera sería empeñándose en un voluntarismo que endurece el corazón y el carácter;  y una tercera vía serían la integración y superación de las dificultades de la vida, y es aquí donde reside el secreto del buen temperamento. Sin él, la persona será propensa a las enfermedades del alma que, con tanta frecuencia, se dan en nuestra sociedad.

  El buen humor nos hace ver con una serena distancia la realidad que nos toca vivir en el día a día. Es la actitud de poner las cosas en su sitio, de relativizar lo que habíamos hecho absoluto, de librarnos de los falsos ídolos, de reírnos de nuestras propias conquistas y de nosotros mismos. Para ello hace falta mucha sencillez y humildad de espíritu. Sólo es alegre –y no simplemente estar contento- el que reconoce su finitud, se abre a los otros y no se queda encerrado en su autosuficiencia

  También el humor es la capacidad de comprensión del punto de vista del otro y, a la vez, la creatividad ante los choques inevitables, es decir, saber salir airoso de situaciones comprometidas. Esto impide huir del contrario o caer en el resentimiento. Para ello se requiere saber medir las palabras, controlar los silencios, poseer elementos positivos en nuestro interior y sujetar las riendas de uno mismo.

Finalmente, os señalo que el buen carácter implica la afirmación de la libertad personal, la negación de ciegos determinismos y la admisión de un sentido profundo de la vida. En el caso cristiano, todo esto surge de la fe en un Dios que es Amor,  que nos ha regalado la salvación eterna en su Hijo y que nos sostiene con la ayuda del Espíritu Santo. ¡Dios no está reñido con el buen humor! En efecto, como dice Benedicto XVI, “Dios no estorba en nuestra vida cotidiana” (La infancia de Jesús, p. 109).

  + Juan del Río Martín

   Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma.Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla.Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana.CARGOS PASTORALESEn los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992).El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año.El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017.El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".