El catecismo de la Iglesia Católica en el Año de la Fe

Mons. Ángel Rubio     El Catecismo de la Iglesia Católica invita a todos los cristianos a esclarecer y profundizar su fe, a renovar con entusiasmo su vida cristiana y a emprender un esfuerzo generoso de revitalización y rejuvenecimiento de la vida eclesial que el Espíritu Santo ha querido impulsar en nuestra época a través de la gran renovación conciliar.

Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica “Fidei Depositum”, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial. Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial».

Un Catecismo como éste, tan extenso y de carácter universal, no se publicaba en la Iglesia desde hacía mucho tiempo, nada menos que desde 1566, después del Concilio de Trento. Frente a la ignorancia, confusión y miedo, imperantes en grandes sectores de la sociedad, los católicos podemos sentirnos ayudados a repensar nuestra fe y a ofrecer a cuantos buscan la verdad con un corazón sincero, un cúmulo de certezas, una explicación de nuestro amor a Dios, a la humanidad y a toda la creación.

En su misma estructura, el Catecismo presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.

El Catecismo de la Iglesia Católica es un tipo peculiar de «libro de fe cristiana» que inicia e instruye en la fe. No hay fe sin lenguaje; este lenguaje es un lenguaje eclesial. La catequesis siempre, y hoy de manera especial, se ve urgida por la necesidad de que los cristianos puedan expresar eclesialmente su fe personal, puedan decir y profesar su fe que es la fe de la Iglesia y ello no es posible sin un lenguaje propio que es el de la fe, en el que los creyentes se reconocen a sí mismos como tales, se expresan y se comunican.

Con el Catecismo se hace realidad la colegialidad afectiva y efectiva; la «sinfonía de la fe y la catolicidad de la Iglesia», como se expresaba el Papa Juan Pablo II. El Catecismo es un servicio a todos los fieles para que sean confirmados en su fe y en los principios morales. Desde el Concilio Vaticano II se han hecho muchos esfuerzos para entender más claramente a la Iglesia como comunión. La unidad en la Iglesia no se logrará en la confusión doctrinal o solamente en la búsqueda de un mínimo denominador común. La unidad visible de los cristianos se fundamenta en la verdad integral, comprendida en la riqueza doctrinal y en la caridad fraterna.

El Catecismo ha incorporado las mejores aportaciones del Concilio en las más de mil citas de aquella asamblea. Síntoma estadístico del espíritu conciliar que inspira las 702 páginas (2.865 números) sólo superadas por las tres mil referencias bíblicas.

Los destinatarios del Catecismo, son los Obispos, los cuales en cierta manera son también coautores del Catecismo, los especialistas de catequesis que lo adaptarán a los diversos encuadres culturales, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los seminaristas y catequistas laicos hombres y mujeres.

El Catecismo está en función de la catequesis. Lo importante es la transmisión íntegra de la fe. Con este texto referencial tenemos un instrumento válido para la catequesis que reclama la Nueva Evangelización. A partir de él, los obispos, catequetas y teólogos del mundo entero preparan los catecismos nacionales o diocesanos en la nueva cultura del presente y «traduciéndolo» a sus propios lenguajes, para hacer una propuesta de la fe a los alejados y confirmar en la fe a los ya creyentes, con una síntesis orgánica del mensaje cristiano.

Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural.

 + Ángel Rubio Castro

  Obispado de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Artículos
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.