Él no deja de encender estrellas

Mons. Ciriaco Benavente    El hombre es constitutivamente un buscador de sentido. «Sublimando toda cosa hasta su última determinación, llega un instante en que la ciencia acaba sin acabar la cosa; este núcleo transcientífico de la cosa es su religiosidad», decía Ortega. Las religiones no han surgido del miedo, sino del asombro. A la incansable peregrinación del hombre en busca de la verdad y el bien, Dios ha salido al encuentro en Cristo como luz de los pueblos. Tal es el sentido de la fiesta de la Epifanía. En los Magos de Oriente, seguidores de la estrella que se encendió en su noche, estamos representados todos.

El anuncio de Cristo y su aceptación no exige renunciar a ninguna de las grandes conquistas del pensamiento humano, ni a nada de lo noble, de lo bello y verdadero que las religiones han gestado en los sutiles ámbitos de la experiencia mística o en el campo práctico de las exigencias éticas. Cristo no anula, sino que potencia; no es negación, sino don, revelación, gracia y posibilidad de plenitud para todos los hombres. 

A veces nos duele el silencio de Dios, pero Él no deja de encender estrellas para aquellos que, como los Magos, le buscan sinceramente. 

El Día de la Epifanía lleva consigo, en la Iglesia católica, la celebración de una doble Jornada cuyos contenidos no ocultan ni devalúan el sentido de la Epifanía; lo dan, más bien, cuerpo y concreción práctica. Celebramos el Día de los catequistas nativos y el Día del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras). 

Los catequistas nativos son una parte muy importante del quehacer evangelizador en los países de misión. Sin ellos apenas podría avanzar el anuncio de Jesucristo como luz de los pueblos, y las comunidades cristianas no tendrían vitalidad ni se sentirían convocadas semana tras semana para celebrar juntos la fe allí donde no llega el misionero. Su papel es decisivo. Ellos son la expresión de una Iglesia que, aunque anda escasa de presbíteros, rebosa de vitalidad porque cuenta con un laicado activo y corresponsable de la evangelización. 

En cuanto al IEME,  s uno de los más fecundos cauces de la Iglesia española para que los sacerdotes diocesanos puedan hacer su aporte misionero por unos años o de por vida más allá de nuestras fronteras. El IEME contribuye, además, a consolidar entre nosotros la conciencia misionera que deseamos sea, cada día, más fuerte y comprometida.   

Os decía que Dios no deja de encender estrellas en nuestros días de oscuridad y nubarrones, ¿que son estos trabajadores del Evangelio -catequistas y misioneros- sino estrellas entre quienes sufren, esperan, anhelan una vida más digna y buscan al Dios de la Vida, que, al asumir nuestra carne, ha hecho a todos los hombres hijos del mismo Padre y hermanos en la gran familia humana?

+ Ciriaco Benavente Mateos

Obispo de Albacete

Mons. Ciriaco Benavente Mateos
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Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos nació el 3 de enero de 1943 en Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres y diócesis de Plasencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1966. Es Graduado Social por la Universidad de Salamanca (1971). Comenzó su ministerio sacerdotal en el pueblo salmantino de Béjar, donde fue coadjutor, de 1966 a 1972, y luego párroco, de 1973 a 1979, de la Parroquia de San Juan Bautista. Desde 1979 a 1982 fue Rector del Seminario de Plasencia y Delegado Diocesano del Clero entre 1982 y 1990. Este último año fue nombrado Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta su nombramiento episcopal. El 22 de marzo de 1992 fue ordenado Obispo en Coria. Obispo de la diócesis de Coria-Cáceres hasta diciembre de 2006. En la Conferencia Episcopal Española ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones desde 1999 hasta 2005. En la Conferencia Episcopal Española en la actualidad es miembro de las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral Social. Con fecha 16 de octubre de 2006 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Albacete, tomando posesión de la sede el día 16 de diciembre de 2006.