El año 2013: «Bajo la mirada de Santa María»

Mons. Julián López     Queridos diocesanos:

¡Feliz Año Nuevo! El año civil, se entiende, porque el año litúrgico continúa, esta vez con el acento puesto en la profundización de la fe. Por eso el día 1 de enero no es solamente el momento de desearnos felicidad y buena suerte o para pensar aquello de “año nuevo, vida nueva”. Los dos deseos son apetecibles porque no deja de ser estimulante la idea de volver a empezar. De todos modos que el 2013 sea un año sereno y próspero, a pesar de las perspectivas poco halagüeñas a causa de la crisis.

A los cristianos debe darnos esperanza el hecho de que el año civil se inaugure a los ocho días de la Navidad, como fiesta de Santa María Madre de Dios, el título más antiguo y significativo de la joven doncella de Nazaret a quien un día el ángel Gabriel, enviado de parte de Dios, le anunció y pidió el consentimiento para dar principio a su proyecto de salvación de la humanidad. Con su respuesta positiva María concibió en su seno, por obra y gracia del Espíritu Santo, al Verbo eterno y Unigénito de Dios, al que en la noche de la primera Navidad de la historia dio a luz, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre. De ese modo en María se verificó un hecho prodigioso, una excepción absoluta en la naturaleza humana, ser virgen y madre al mismo tiempo. Por eso le corresponde el doble título de “La-siempre-Virgen-María” y la “Santa-Madre-de-Dios”, teniendo en cuenta que el término de la maternidad no es la naturaleza sino la persona; y la persona del Hijo concebido en ella sin concurso de varón era el Hijo de Dios que se hizo hombre. En el Año de la Fe conviene recordar esta verdad hermosa y consoladora al mismo tiempo, porque revela la inmensa grandeza de la Mujer elegida por Dios para ser su Madre y para entrar en nuestra historia haciéndose en todo semejante a nosotros excepto en el pecado.

Del 2013 se ha dicho que va a ser también duro y penoso a causa de la crisis económica, exigiendo todavía austeridad y sacrificios, aunque se hacen pronósticos de que hacia la mitad del año la situación cambiará de signo. Ojalá sea así, porque estamos viendo cómo, una vez más, la peor parte la llevan las clases menos favorecidas. Es cierto que ha crecido la caridad y la solidaridad, pero es necesario analizar abiertamente y en profundidad la crisis e intervenir en las causas tanto coyunturales como enquistadas en la vida pública y social. No basta, como dice Jesús en el evangelio, poner remiendos nuevos en un vestido viejo (cf. Mc 2, 21). El buscar soluciones a la crisis nos implica a todos aunque no a todos de la misma manera o en el mismo grado, depende de la responsabilidad pública. Se trata, en definitiva, de pasar con decisión, unos a compartir y otros a dar signos de que se procuran los medios que demanda la misma sociedad, actuando unos y otros según las exigencias de la ética y tendiendo al bien común.

También con esta finalidad invoquemos la intercesión de la Virgen María, Madre de Dios, para que nos ayude a caminar juntos y con esperanza por las sendas de la caridad y de la justicia. El día 1 de enero es también la Jornada Mundial de la Paz, esta vez tomando como lema las palabras del Señor: “¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!”, que reclaman justamente un compromiso renovado y concertado en la búsqueda de la verdad y del bien, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre, como afirma el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la jornada. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
Acerca de Mons. Julián López 150 Artículos
Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella