Solemnidad de la Epifanía del Señor. La adoración de los magos.

Mons. Manuel Ureña    El apóstol y evangelista Mateo nos ofrece, en el capítulo segundo de su evangelio, la conocida narración sobre los “magos” venidos de “Oriente” para adorar a Jesús recién nacido en Belén (cf Mt 2, 1-12). Pues bien, “difícilmente se encontrará otro relato bíblico que haya estimulado tanto la fantasía, pero también la investigación y la reflexión” (Ratzinger-Benedicto XVI).

¿Quiénes eran los “magos”? ¿Qué clase de hombres eran estos que Mateo describe como “magos” venidos de “Oriente”? El término “magos” (mágoi) presenta una notable gama de significados, que se extiende desde una acepción muy positiva hasta una significación marcadamente negativa. En su primera acepción, “magos” designa a miembros de la casta sacerdotal persa. De ahí que en la cultura helenista fueran éstos considerados como representantes de una religión auténtica. Sin embargo, sus ideas religiosas habían recibido también muy fuertemente la influencia del pensamiento filosófico, hasta el punto de que se presenta con frecuencia a los filósofos griegos como adeptos suyos. Ahora bien, se llama también “magos” a los hombres expertos en saberes científicos y dotados de poderes sobrenaturales, designándose, así mismo, con tal término a los brujos. Finalmente, el término “magos” se aplica a la designación de individuos de la más baja ralea, de la más ínfima calaña humana y moral, como es el caso de los embaucadores y de los seductores.

Esto supuesto, ¿en cuál de estas clases de “magos” situaríamos a los  hombres contemplados en Mateo 2? Evidentemente, en la primera clase, por lo menos en sentido amplio. Pues, aunque no pertenecían exactamente a la clase sacerdotal persa, los magos de Mateo 2 tenían un conocimiento religioso y filosófico que se había desarrollado en el pasado y aún persistía en aquellos ambientes. Y, como bien sabemos, la sabiduría religiosa y filosófica rectamente entendida es claramente una fuerza que pone a los hombres en el camino conducente a Cristo. Lo contrario ocurre cuando, situada ante la presencia de Cristo, la sabiduría religiosa y filosófica no se abre a éste, sino que se opone abiertamente al único Dios y Salvador, volviéndose así demoníaca y destructiva.

Por tanto, los hombres de que habla Mateo en su evangelio tal vez fueron astrónomos y, en consecuencia, capaces de calcular la conjunción de los planetas, pero de lo que sí no cabe duda es de que no eran solamente astrónomos. Ellos eran sabios. Como dice de forma difícilmente superable el teólogo J. Ratzinger, Papa Pío Benedicto XVI, los magos que acuden a Belén guiados por la estrella representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y, por tanto, filosofía en el sentido originario de la palabra. Por eso, convirtieron la estrella en un mensaje, y en un mensaje de esperanza.

Los magos representan, de este modo, el camino de las religiones hacia Cristo, así como también la autosuperación de la ciencia con vistas a él. Ellos están de algún modo siguiendo a Abraham, quien se pone en marcha ante la llamada de Dios. De una manera diferente están siguiendo a Sócrates y al hecho de su interrogarse acerca de la verdad más grande, más allá de la religión oficial. En este sentido, estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos.

Los sabios de Oriente contemplados por Mateo son, en suma, un inicio; representan a la humanidad cuando ésta emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta el Señor. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro del verdadero Salvador. No identifican, pues, la racionalidad con el mero saber, sino que tratan de comprender la totalidad, llevando así a la razón hasta sus más elevadas posibilidades.

Culmino la presente carta pastoral poniendo de relieve la Colecta para el catequista nativo que hoy celebramos. El lema de la campaña de este año, Año de la fe, es “Misioneros, portadores de fe y de esperanza”.

Oremos por los catequistas nativos de los países de misión. Ellos transmiten la fe a sus hermanos con la palabra y con el ejemplo. Y ayudémosles también con la limosna que se obtenga en la colecta de hoy, una colecta que es imperada.

Sabéis que el producto de tal colecta se distribuye del siguiente modo desde hace ya muchos años: la mitad de lo recaudado se entrega como contribución al mantenimiento del “Instituto Español de Misiones Extranjeras” (=IEME), que es el que organiza la colecta desde 1958 por designación expresa de la Santa Sede. Y la otra mitad se ofrece a la Congregación para la evangelización de los pueblos, la cual mantiene en Roma un instituto para la formación de catequistas. En él se forman catequistas de distintos continentes, que luego contribuirán a la formación de sus hermanos catequistas en los países de origen.

† Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia.Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza.En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe.Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986).Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.