Todo es gracia

Mons. D. Juan del Río

El significado del tiempo para una persona no viene dado por el número de años que transcurren desde su nacimiento hasta su óbito (cf. Sab 4,8). El tiempo no es sólo algo físico, sino que también se percibe en su vertiente psicológica, moral y espiritual. El cristianismo, desde sus inicios, rechazó los ciclos eternos que planteaban los griegos, porque la Encarnación Redentora de Jesucristo es un episodio único e irrepetible en la historia humana, que determina el sentido pleno del tiempo. Pero aquel acontecimiento salvador tuvo su arranque en la misma Creación del Universo y su final tendrá lugar en el último día (cf. Col 1,15-23). Todo año nuevo participa de ese hecho real, donde la eternidad divina se hace tiempo de los hombres. La fe en este Misterio, ilumina al hombre para hacer una lectura del tiempo desde la gracia recibida en el Bautismo. Cada ser humano ha de responder a lo que acontece en su vida y su entorno, es decir, a su actuación libre y responsable. Estas fechas son propicias para hacer un examen personal de conciencia sobre cómo hemos empleado nuestro tiempo, qué papel ha jugado Dios en estos meses, cuáles son las obras buenas que hemos hecho y cómo debemos fomentarlas en el futuro, cuáles son los defectos que hemos de evitar, a quién debemos perdonar y reparar. Este discernimiento nos ayudará a conocernos a nosotros mismos y a descubrir lo sucedido como un tiempo de gracia y misericordia. Ahora bien, percibimos la valoración de nuestro tiempo según somos. El que anda en negocios humanos dice que el tiempo es oro. Para quien vive en el hedonismo es amarga la brevedad de la vida. En cambio, los cristianos afirmamos que el tiempo es un don del Creador y, a la vez, una responsabilidad del hombre, que lo ha de llenar de obras de amor a Dios y al prójimo. Las virtudes hacen bueno cualquier día, los vicios lo hacen malo. A nadie se la prometido nunca un día de mañana: sólo tenemos asegurado el presente que trae “su propia preocupación” (Mt 6,34). La actitud que debe dominar nuestro caminar es la de vigilancia, porque no sabemos “ni el día ni la hora” en que todo terminará (cf. Mt 24, 42-44). El año que finaliza está marcado por las privaciones económicas de muchos, por conflictos familiares y sociales que han dejado un reguero de víctimas de todo tipo. Los meses venideros se presentan duros en lo económico, lo financiero y lo político. Benedicto XVI, en un reciente artículo en el Financial Times, afirmaba: “El nacimiento de Cristo nos desafía a repensar nuestras prioridades, nuestros valores, nuestro modo de vivir. Y mientras la Navidad es sin duda un tiempo de gran alegría, es también una ocasión de profunda reflexión, más aun, es un examen de conciencia (…) Los cristianos no deben escapar del mundo; por el contrario, deben comprometerse en él. Pero su participación en la política y en la economía debe trascender cada forma de ideolología” (20.12.2012). No debemos dejarnos llevar por un pesimismo inoperante y desesperanzador. Hay un proverbio español que dice: “no hay mal que por bien no venga”. ¿Qué podemos aprender de esta profunda crisis que padecemos? Que la familia, a pesar de tantos olvidos y ataques de los políticos, está siendo la gracia que ampara a muchos que están viviendo el paro o la precariedad. Que se ha incrementado la generosidad, solidaridad y caridad hacia los más desfavorecidos. Que se vuelve a apreciar la sencillez y la coherencia como las formas más bellas de vivir una vida sana, mientras que crece la hostilidad hacia la opulencia de los corruptos que lleva al desastre a la sociedad. Frente al frenesí del individualismo egoísta y placentero, se ve más necesario cada día unir fuerzas para construir el bien común y educar en la virtud de hacer el bien y evitar el mal, como única base para una ética comprometida con la dignidad del hombre, de todos los hombres. En definitiva: estos tiempos de crisis están desmontando racionalmente la autosuficiencia de hombre contemporáneo. También nos están situando más a los cristianos en lo esencial, que es Cristo, principio y fin de todos los tiempos. Al final, hemos de convencernos cada día más de que: “¡Todo es gracia!” (G. Bernanos, Diario de un cura rural). + Juan del Río Martín Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".