Conversión desde el judaísmo: Edith Stein

Mons. Agustí Cortés     Bien está que, vísperas de la Navidad, cuando ya nos sentimos tan cerca de María, la Madre de Jesús, nos dejemos acompañar por el testimonio de otra gran mujer, hermana suya de raza y de fe, como es Edith Stein (1891-1942). En comunión con la Virgen vemos dos testigos semejantes: Simone Weil y Edith Stein.

Ambas, además de ser coetáneas, y por tanto mujeres modernas a quienes tocó vivir en un mundo convulso, compartían muchos rasgos personales: eran cultas e inteligentes, apasionadas, sinceras, auténticas y libres, profundamente sensibles al sufrimiento humano y comprometidas, de hecho, en acciones a favor de la condición femenina y de los más pobres. Pero, sobre todo, les caracterizaba aquello que constituye una de las cualidades indispensables para la fe, es decir, ser ardientes buscadoras de la Verdad.

Edith Stein nace en Breslau, Alemania, el día en que su familia celebraba la fiesta hebrea del Jom Kippur. Aunque recibió de su madre un gran testimonio de sincera piedad, dejó de creer y rezar “libremente y con plena conciencia”, según sus propias palabras: cuando su madre, ante el éxito en sus estudios le invita a no olvidar a Dios, que le dio tales facultades, ella responderá que el mérito era de su trabajo… Esta especie de “orgullo”, acompañado de la seguridad en sí misma y la firme convicción de que haría únicamente lo que viera claro y deseara, fue el motivo de su ateísmo y de su fe.

En efecto, su trayectoria hasta la conversión a la fe cristiana fue rectilínea, determinada por una única voluntad, hallar la Verdad y vivir según ella. Pero era la Verdad, quien la buscaba a ella. Fue tomando decisiones, siempre valientes y arriesgadas: volver a los estudios, después de haberlos abandonado en un acto de rebeldía adolescente; elegir la filosofía e integrarse en el círculo del Maestro E. Husserl; ofrecerse voluntaria enfermera en el campo de batalla; militar a favor de la causa de la mujer; dedicarse al estudio y la educación… Mientras tanto, la Verdad se le iba insinuando a través de experiencias profundas. Halla una oración entre los objetos personales de un soldado muerto en el frente; el profesor y amigo más admirado, Reinach, muere en la guerra y su mujer, Anne, convertida al cristianismo como

él, le transmite un testimonio sorprendente de paz; sentimientos de impotencia e indignación ante la imposibilidad de cambiar las cosas por la vía intelectual o política; crisis de soledad y desengaño en el terreno afectivo… y, sobre todo, el hallazgo y la lectura apasionada del libro de La Vida, de Sta. Teresa de Jesús, que concluye con la afirmación rotunda: “Esto es la Verdad”… Abrazada la fe, tras un tiempo de gran actividad, entra en el Carmelo, desde el que defiende al Pueblo Judío y formula su gran descubrimiento: “la ciencia de la Cruz”.

Su tesis doctoral versaba sobre El problema de la empatía. Y su programa de vida llegó a ser vivir hasta el fondo la comunión con el sufrimiento del Pueblo Judío y con toda la humanidad través de la Cruz Redentora de Cristo. Teresa Benedicta de la Cruz murió mártir en la cámara de gas en Auschwitz:

“El amor es un objetivo en sí mismo, porque Dios es amor… Solo se puede adquirir la ciencia de la Cruz cuando se siente en lo profundo; y me dije: Ave Cruz, esperanza única”.

Imposible no reconocer el camino del judío Pablo de Tarso, maestro de la gracia.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.