Carta a todos los católicos palentinos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad

Mons. Esteban Escudero        Con la llegada de la Navidad las luces de nuestras calles se iluminan con adornos, las casas se decoran, aparecen en las tiendas de alimentos los dulces propios de estos días, nos intercambiamos felicitaciones y regalos, y en la ciudad y en los pueblos se respiran aires de fiesta. Pero, en medio de este ambiente de alegría, son muchos los que no van a poder participar plenamente de estos días de gozo y esperanza. Son las víctimas de la crisis, los que más sufren sus consecuencias: las familias con uno o varios miembros en el paro, los jóvenes que aún no han encontrado su primer trabajo, los pequeños y medianos empresarios que ven peligrar sus negocios o que ya han tenido que cerrarlos, los agricultores y ganaderos, los trabajadores que han sufrido un expediente de regulación de empleo, los inmigrantes y, sobre todo, las personas que han padecido una orden de desahucio por no haber podido pagar sus deudas.

La Asamblea General de la Conferencia Episcopal Española, en Noviembre de 2009, hizo pública una declaración, que sigue teniendo vigencia todavía y en cuyo texto se podía leer: “Somos conscientes de la gravedad de la situación en la que nos encontramos, por causas que tienen su origen en la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada. Todo ello ha provocado la situación actual, cuyas repercusiones llegan a diversos ámbitos de la vida social y afectan gravemente a los más débiles, con especial incidencia en los países en vías de desarrollo. Es especialmente significativa la incidencia de la crisis en las familias, sobre todo en las familias numerosas y en los jóvenes, como bien atestiguan los últimos estudios realizados por Caritas. El contexto socioeconómico actual nos muestra una tasa de desempleo disparada, hasta el punto de que hay muchos hogares que tienen a todos sus miembros activos en desempleo, que no reciben ingresos ni del trabajo ni de las prestaciones sociales. La escasa protección social de la familia y las políticas anti-natalistas son perniciosas para la sociedad y tendrán efectos económicos perjudiciales para las generaciones futuras. Es evidente que la crisis está infundiendo miedo al futuro no sólo por la inseguridad respecto al posible mantenimiento del Estado de Bienestar, sino también por las consecuencias que genera, al aumentar la tasa de desempleo y reducir la actividad económica”.

A través de esta carta, dirigida a todos los católicos palentinos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, yo quisiera recordar algunas de las ideas fundamentales de la última nota de los obispos sobre este tema, el pasado 6 de Octubre, invitándonos a reavivar las tres actitudes fundamentales ante la vida que los católicos denominamos virtudes teologales, infundidas en nuestro bautismo: la fe, la esperanza y la caridad.

Por la fe, se nos invita a apartarse de la ambición egoísta y de la codicia que corrompe la vida de las personas y de los pueblos, y a acercarse a la libertad espiritual que nos permite querer el bien y la justicia. No será posible salir de la crisis de modo definitivo sin hombres y mujeres dispuestos a buscar y a aceptar la verdad sobre el hombre y sobre el recto uso de los bienes. Hombres y mujeres convertidos de corazón a Dios, el cual nos dará el aliento y la fortaleza necesarios para superar estos momentos difíciles que estamos atravesando y para contribuir desinteresadamente al bien común.

También se nos invita a la esperanza, aun en medio de un mundo en el que reina el pesimismo. La conversión a Dios nos ayuda a mirar hacia lo que podemos y debemos cambiar en nuestra propia vida. La crisis puede ser también una ocasión para mejorar nuestras costumbres e ir adoptando un estilo de vida más responsable del bien de las familias, de la sociedad y de la comunidad política. La virtud teologal de la esperanza alimenta las esperanzas humanas de mejorar, de no ceder al desaliento, porque esperamos la vida eterna, la felicidad del reino que Dios ha preparado para todos, pero especialmente para los pobres.

Finalmente, se nos invita a la caridad fraterna con las víctimas de la crisis. Es la hora de actuar decididamente y de incrementar nuestros esfuerzos para intentar paliar esta situación. Ante la “emergencia social” que estamos viviendo desde hace ya mucho tiempo, quiero hacer un llamamiento a la conciencia social de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, pero principalmente de los católicos palentinos, a tomar en serio la advertencia del Señor Jesús dirigida a sus discípulos de todos los tiempos: «Tuve hambre y me disteis de comer…Os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 35.40).

Por todo ello, con el fin de impulsar una renovada campaña de ayuda a las personas que más padecen la crisis, vuestro Obispo os invita a quienes van a percibir la paga extra de Navidad a renunciar voluntariamente a su importe, en parte o en todo, con el fin de destinar esa cantidad a alguna entidad benéfica, especialmente a las Cáritas parroquiales o a la fundación de Cáritas Diocesana “El buen samaritano. Ayuda al parado”. Igualmente, invito a las familias que buenamente puedan a que destinen una parte de los gastos previstos para celebrar estas fiestas a ayudar a quienes están pasando por graves dificultades económicas. Podéis entregar vuestro donativo en las parroquias y demás templos abiertos al culto, durante los días de Navidad, a fin de que los servicios sociales de las Cáritas lo hagan llegar íntegramente a las personas necesitadas.

Que el niño Jesús, nacido en Belén, os conceda unas felices fiestas, en la paz y la alegría que brotan de un corazón generoso. ¡Feliz Navidad!

+Esteban Escudero

 Obispo de Palencia

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.