En su aniversario el Arzobispo de Toledo Braulio Rodríguez recuerda que el amor cristiano cubre tanta injusticia, egoísmo y atentados al bien común y a los más empobrecidos de la tierra

En la Catedral Primada de Toledo se celebra desde las 13 horas una Santa Misa con motivo del XXV Aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo Primado de España. Junto al Arzobispo Rodríguez Plaza concelebran el Cardenal Francisco Álvarez Martínez, Arzobispo emérito de Toledo, y Monseñor Renzo Fratini, Nuncio Apostólico en España.

El Papa Benedicto XVI se ha dirigido al Arzobispo de Toledo al cumplir sus veinticinco años desde recibiera la Ordenación Episcopal para impartirle la Bendición Apostólica y hacerla extensiva a toda la comunidad eclesial de Toledo .

En la carta de Benedicto XVI se dirige a Monseñor Braulio Rodríguez, entre otras cosas, con estas palabras. “conocemos tu peculiar cuidado de los jóvenes, del fomento de las vocaciones, de la transmisión de la catequesis y de la administración de los sacramentos, así como el impulso que estás propiciando con diversas acciones para que se celebre dignamente la Liturgia Hispano-Mozárabe y los seminaristas florezcan felizmente en su vida religiosa y en su deseo de apostolado: por todas estas tareas pastorales te honramos con merecida alabanza”.

En la Santa Misa que se está celebrando ahora, también han querido participar en la celebración de la Eucaristía los Arzobispos monseñor Francisco Javier Martínez Fernández, de Grana; monseñor Santiago García Aracil, de Mérida-Badajoz; y monseñor Ricardo Blázquez Pérez, de Valladolid.

Igualmente se suman a lesta celebración los Obispos Monseñor Rodríguez Martínez, de Sigüenza-Guadalajara; Monseñor Yanguas Sanz, de Cuenca; Monseñor Benavente Mateos, de Albacete; Monseñor Cerro Chaves, de Coria-Cáceres; Monseñor Femández González, de Córdoba; Monseñor Rubio Castro, de Segovia; Monseñor López Hemández, de Salamanca; y Monseñor López Llorente, de Segorbe-Castellón, a los que añadir a Monseñor Rafael Escudero López-Brea, Obispo de Moyobamba en Perú.

Junto a ellos se encuentran en la Catedral Primaa de Toledo Monseñor Rico Pavés, Obispo auxiliar de Getafe, y Monseñor Gómez Sierra, Obispo auxiliar de Sevilla, junto con Monseñor Borobia Isasa, Obispo auxiliar emérito de Toledo, y Monseñor Palmero Ramos, Obispo emérito de Orihuela-Alicante.

Biografía

Monseñor Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Desde 1960 realizó estudios humanísticos, filosóficos y teológicos en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid.

En 1973 se licenció en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia Comillas y tras dos años de estudio, de 1979 a 1981, se diplomó en Sagrada Escritura por L?École Biblique de Jerusalén. Además, en 1990, se doctoró en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Recibió la Ordenación sacerdotal el 3 de abril de 1972 en Madrid y sirvió a esa diócesis durante 15 años en las parroquias de Cubas de la Sagra, San Miguel en Carabanchel y San Fulgencio. Además fue capellán de la ermita de San Isidro.

Cargos Pastorales

Entre 1984 y 1987 fue Formador del Seminario Diocesano de Madrid.

El 13 de noviembre de 1987 fue nombrado Obispo de Osma-Soria. Recibió la ordenación episcopal el 20 de diciembre del mismo año y permaneció en la diócesis soriana hasta que fue nombrado Obispo de Salamaca el 12 de mayo de 1995. Tomó posesión el 9 de julio.

El 28 de agosto de 2002 el Santo Padre le nombró Arzobispo de Valladolid y tomó posesión de la diócesis el 13 de octubre del mismo año.

El 16 de abril de 2009 Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, en sustitución del Sr. Cardenal, don Antonio Cañizares Llovera, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.

Otros datos de interés

En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Apostolado Seglar y de Liturgia. Fue Presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar durante dos trienios, de 1999 a 2005.

Desde marzo de 2011, es Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones.

Añadimos, a continuación, las palabras que ha dirigido a los asistentes en la Catedral el Arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez Plaza, durante esta Santa Misa aniversario.

Homilía en el XXV Aniversario de la Ordenación Episcopal de Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo y Primado de España

Toledo, 20 de diciembre de 2012

Hace ya algún tiempo que vengo pensando qué diré en la homilía del 25 aniversario de mi ordenación episcopal: ¿hablaré de ella, recordando cuanto pasó en la catedral de Burgo de Osma? ¿Me dejaré embargar por la emoción que el Espíritu me hizo sentir en aquella tarde soleada del diciembre castellano cuando la imposición de las manos de otros obispos me introducía en el Colegio apostólico? Muchos sabéis que tengo buena memoria, al menos para algunas cosas, y no olvidaré nunca ese día, como tampoco cuando fui ordenado presbítero. Pero tal vez esto tenga menos importancia.

Recordaré mejor lo que dije a los fieles de Toledo el todavía no muy lejano 16 de abril de 2009. Era mi primer saludo: “El Obispo, sucesor de los Apóstoles, siente la extraordinaria desproporción entre lo que se le pide como Vicario de Cristo para sus fieles y lo que él puede dar. Se trata de representar a Cristo como padre y pastor, a quien debe seguir como discípulo por Él llamado. Por ello, os pido, hermanos, que comencéis ya a orar por mí, para que sea buen obispo, al frente de esta porción del Pueblo de Dios que es la Iglesia de Toledo, con la inestimable colaboración de los sacerdotes”. ¿He sido buen Obispo en estos 25 años? Yo no sé juzgarme, pero probablemente no. ¿He querido serlo? Sin duda que sí.

Pero, ¡habré dejado tantas cosas sin hacer! ¡Tantos hermanos sin atender! ¡Tantos temas sin acabar! ¡Tantos necesitados, rostros de Cristo vivientes, sin socorrer! Sin embargo, sigo convencido de que es verdad que lo más importante para mí es mostraros a Cristo, y que no me importa sino vuestras personas, como me importaban los fieles de Osma-Soria, los salmantinos y los vallisoletanos; también llevo muy dentro que la Iglesia es un misterio que nos desborda, pero que es una realidad visible y muy concreta que formamos todos en Jesucristo: Él no tiene sucesor; sin el Resucitado no hay Iglesia. Es impresionante que en cada Iglesia particular pueda acontecer la Iglesia de Dios una, santa, católica y apostólica, porque así Cristo se encuentra con nosotros y nosotros con Él. ¡He aquí lo que posibilita vivir en cada momento la vida de la Iglesia: la infinita belleza del Cristo total, su Presencia salvadora!

Por todo ello, me sitúo ahora en el contexto del antiguo rito del Lucernario, como si estuviéramos por un instante en la liturgia hispano-mozárabe de la tarde, que se inicia precisamente con el rito llamado Oblatio luminis, y que consiste simplemente en un gesto ritual del diácono, al inicio de la celebración. Se saluda así a la luz, que ya muere, por medio de unos himnos cuyo contenido gira en torno a Cristo-luz y la poesía del crepúsculo. Una vez encendida la llama de un cirio, el mismo diácono la eleva ante el altar en actitud de ofrecimiento, y pronuncia la aclamación In nomine Domini nostri Iesu Christi, lumen cum pace!, a lo que la asamblea respondía Deo gratias.

Ante ese cirio que arde, cercana ya la conmemoración de su primera Navidad, quiero orar al Señor, recordando aquellas palabras de Jesús: ¡qué dichosos son aquellos siervos, a quienes el amo a su llegada encuentra velando! ¡Ojalá se dignara el Señor despertarme del sueño de mi desidia, a mí que, aún siendo débil y pecador, soy su siervo! ¡Quiera Él inflamarme en el deseo de su amor inconmensurable y encenderme con el fuego de su caridad divina! ¡Ojalá mis méritos fueran tan abundantes que mi lámpara ardiera sin cesar en el templo de mi Señor e iluminara a cuantos penetran en la casa de mi Dios!:

Concédeme, Señor, te lo suplico en nombre de Jesucristo, tu Hijo y mi Dios, un amor que nunca mengüe, para que con él brille siempre mi lámpara y no se apague nunca, y sus llamas sean para mí fuego ardiente y para los demás luz brillante; que mis hermanos, fieles de esta Iglesia, vean en mí tu luz, no la mía, que nada brillaría sin Ti. Señor Jesucristo, dulcísimo Salvador nuestro, dígnate encender en Ti mismo nuestras lámparas para que brillen sin cesar en tu templo y de Ti, que eres la luz perenne, reciban ellas la luz indeficiente con la cual se ilumine nuestra oscuridad y se alejen de nosotros las tinieblas del mundo.

“Te ruego, Jesús mío, que enciendas tan intensamente mi lámpara con tu esplendor que, a la luz de una claridad tan intensa, pueda contemplar el santo de los santos que está en el interior de aquel gran templo, en el cual tú, Pontífice eterno de los bienes eternos, has penetrado; que allí, Señor, te contemple continuamente y pueda así desearte, amarte y quererte solamente a ti, para que mi lámpara, en tu presencia, esté siempre luciente y ardiente” (San Columbano, Instrucción 12,Sobre la compunción, 2-3; Opera, Dublín 1957, pp.112-114).

Te pido, Salvador amantísimo, que te manifiestes de nuevo a nosotros en esta hora compleja pero apasionante. Yo, con todos mis hermanos, llamamos a tu puerta, para que, conociéndote, te amemos sólo a ti, y únicamente a ti, y desde tu Corazón amar a cuantos necesitan tu amor, tus hermanos más humildes y necesitados; que seas Tú mi único deseo, y que con intensidad medite sólo en Ti, y en Ti únicamente piense. Así podré enseñar esto mismo a los que Tú me has dado para su cuidado: que el amor a Ti debe invadir todo nuestro interior, hasta el punto que inunde todos nuestros sentimientos que nada podamos ya amar fuera ti, el único eterno. Es nuestro amor, que nace de tu Corazón, el que no se debe apagar. Lo necesita nuestro mundo, para cubrir tantas injusticia, tantos egoísmos, tantos atentados al bien común y a los más empobrecidos de la tierra.

No quisiera cansaros mucho, queridos hermanos que habéis deseado estar en esta celebración en la Catedral. Os lo agradezco de corazón a todos: Hermanos Obispos, sacerdotes, religiosos y otros consagrados, seminaristas; y también a vosotros, hermanos fieles laicos, que participáis con nosotros de los trabajos por el Evangelio. Seguro, sin embargo, que no os importará que me dirija de modo especial a los jóvenes y adolescentes de nuestra Diócesis. Me apena mucho no encontrar mejor manera de anunciaros, jóvenes con los que me encuentro en tantos lugares de la Diócesis, la alegría del encuentro con Jesucristo, para que vosotros sintáis muy dentro de vosotros la urgencia de evangelizar a otros jóvenes.

Comprendo que no es tarea fácil, porque no faltan dificultades que os llegan de la cultura dominante. Pero os pido que seáis valientes: nada hay más grande que ser cristiano y, si me apuráis, nada hay más bello que ser cristiano joven, convencidos y fascinados por el que es el Hijo del Hombre. Para que esto sea posible, os aseguro que es preciso formar grupos, estar asociados, vivir con otros jóvenes la fe, con quienes compartir oración, celebración y apostolado. Nunca seréis más libres, de veras. Tampoco a la hora de aceptar la vocación concreta que os ofrece Jesucristo. El texto de Jeremías, que hemos escuchado, es impresionante, porque es el amor eterno de Dios sobre cada uno de nosotros, pero manifestado en Cristo Jesús, como se refleja en la propuesta de seguirle hecha a los cuatro apóstoles pescadores. Os pido que no os avergoncéis nunca del Evangelio, que nos muestra al Salvador.

Dad gracias conmigo al Señor. Me siento rodeado del amor de Dios y de su Iglesia sin que lo merezca, pero me siento feliz. Y si acaso faltara algo, a esta celebración se une la enorme delicadeza y amor de Padre del Papa Benedicto. Es un lujo leer en felicitación: “Así pues, me complace, como Sucesor de san Pedro, traer a la memoria, como si estuviera ahora presente, tu celebración con la muy querida comunidad de la Iglesia de Toledo, mientras quiero unirme a tu acción de gracias a Dios por los dones con los que Él te ha colmado muy benignamente y desearte de todo corazón toda clase de bienes (…) Por la intercesión de la Virgen María, nuestro divino Maestro y Redentor te guarde a ti benignamente, digno ministro de la gracia, en su amor y misericordia, te colme de consuelo y te conceda abundancia de bienes celestiales”. Amén.

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37427 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).