Adorar en Adviento

Mons. Francisco Cerro     La adoración al Señor de la vida, vivo en la Eucaristía, nos enseña que sólo puede haber fecundidad apostólica donde el corazón, por la adoración, se convierte en servicio de caridad y de amor.

El Adviento nos recuerda que el Señor está cerca. Nos invita a esperar al que ha venido, está viniendo constantemente y vendrá. ¿Cómo ser
conscientes de que donde nos jugamos todo es vivir en sintonía con el
Esperado de los tiempos? ¿Cómo evangelizar si no adoramos? ¿Cómo
convencer si en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en nuestros movimientos no vivimos en el gozo de la conversión?

Sólo los “adoradores en espíritu y verdad” (Cfr. Jn 4), es decir, en la
Eucaristía, podrán devolver al mundo la esperanza que nos trae Jesús porque ha comunicado al mundo “cómo sabe Dios”.

Son ya muchos los meses que esta iniciativa de la Adoración Perpetua
de la diócesis con su obispo a la cabeza y contando con el misionero de la
Eucaristía, el P. Justo Lofeudo, se ha llevado a la práctica y que en el marco
incomparable de la Parroquia de Fátima, con su mensaje de conversión,
está haciendo realidad que un grupo de Adoradores Perpetuos, en torno a los 600, que por turnos de noche y día, sean como “centinelas” de
la Nueva Evangelización.

Ante el ambiente de una profunda crisis de fe, como nos recuerda el
Papa, en “Porta Fidei”, la Adoración Perpetua es un soplo de aire fresco y,
sobre todo, de esperanza porque va a lo fundamental y esencial de nuestra fe. Sólo los verdaderos adoradores serán capaces de salir a las calles, a os nuevos areópagos, a las fábricas, a las ciudades, a los ambientes sociales y políticos, donde la carencia del Evangelio los deja con frecuencia
colapsados, sin iniciativas y sobre todo casi sin esperanza.

Es necesaria, sobre todo, la presencia de los laicos para transformar
el mundo según el corazón de Dios que nos recuerda el Vaticano II ¿Y
cómo vamos a transformar esta sociedad sin hombres y mujeres que
han bajado del monte de la contemplación para vivir en el valle de los
sufrientes?

Os invito a todos los que podáis a hacer un esfuerzo por apuntaros a
esta iniciativa diocesana de la Adoración Perpetua, para que, por turnos,
se adore al Señor de la Vida, para que transmitamos vida a nuestra tierra.
En esta iniciativa está implicada toda la Iglesia que camina en Coria-Cáceres. No es iniciativa de un grupo, ni de una parroquia, ni de una asociación
piadosa, es iniciativa de toda la Iglesia Diocesana que se vuelve al Señor
Vivo en la Eucaristía para presentarle todas nuestras necesidades, rezar
por nuestros planes pastorales y también por nuestros sacerdotes diocesanos, seminaristas, religiosos, religiosas, consagrados, laicos, familias, trabajadores y jóvenes. No queda nadie al margen de nuestras intenciones
porque sabemos que el Señor nos dice desde la Eucaristía: “Sin mí nada
podéis hacer”.

Apuntaros, sobre todo, los que vivís en Cáceres y en los pueblos de
alrededor. El tiempo dedicado a Dios y a los hermanos es tiempo que
nunca se pierde.

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.