Preparemos la Navidad (II) – Paciencia y sobriedad

Mons. Vicente Jiménez        En la carta pastoral anterior señalaba dos caminos para preparar la Navidad: la oración y el trabajo. Ahora en esta nueva carta pastoral propongo otros dos caminos:

paciencia y sobriedad.

Paciencia. La paciencia es tan necesaria a la esperanza que el Nuevo
Testamento la identifica con ella. El autor de la carta a los Hebreos la recomienda con vehemencia: “No perdáis ahora vuestra esperanza, que lleva consigo una gran recompensa. Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido. Porque el que ha de venir vendrá sin tardanza” (Hb 10, 32- 37).

En efecto, la esperanza no es una virtud triunfal, sino crucificada. La
Resurrección no nos ahorra la dificultad, la dureza de la vida, la lucha de cada día. Nos hace falta la paciencia, es decir, el aguante que encaja los golpes de la vida sin desistir de la actividad ni perder la mansedumbre. En el mundo hay aparatos valiosos y precisos, pero muy sensibles, que se estropean a la primera contrariedad. Algunos de nosotros somos como esos aparatos. Tenemos ilusión, iniciativa, voluntad de colaborar, pero nos falta paciencia. Nos retiramos cuando aparece la adversidad, la crítica, la escasez de resultados. Todavía no habéis resistido hasta el derramamiento de la
sangre” (Hb 12, 4), podría decirnos el autor de la carta a los Hebreos.

La paciencia nacida de la esperanza nos ayuda, en primer lugar, a respetar los
procesos, a veces lentos, de las personas y los grupos. Nos aconseja a que no demos excesiva importancia a los comentarios que suscita nuestra conducta.

Nos inmuniza contra la fatiga que trae consigo el compromiso prolongado y sostenido. Nos fortalece para “sembrar en la noche”.

Sobriedad. “Pues se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación
para todos los hombres, enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tit 2, 11-13).

La sobriedad es condición indispensable para que emerja en nosotros el anhelo de lo que todavía no poseemos. La esperanza no se vive en la hartura de las satisfacciones o de los bienes: “¡Ay de vosotros los que estáis saciados, porque tendréis hambre”! (Lc 6, 25).

La hartura produce embotamiento y hastío. También produce autosuficiencia.

La hartura nos hace asimismo insensibles a los necesitados. Es difícil imaginarnos la necesidad de los demás cuando nos acorazamos en nuestro propio tener y retener. El corazón harto se vuelve desentendidamente frío y duro a la indigencia de los demás.

La sobriedad es hoy necesaria para la solidaridad y para superar la crisis
económica. El cristiano se siente urgido a ella por la esperanza. Ser sobrios para compartir es un lema exigido por la esperanza. La solidaridad es uno de los nombres del amor y de la caridad hoy.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.