Redescubrir la alegría de creer

Mons. Antonio Algora        Tercer domingo ya de nuestro Adviento, en el que, de nuevo, la Palabra de Dios nos grita “Alegraos”. Y este año nos suena más fuerte por el triste momento que atraviesa la sociedad de “la Crisis sin precedentes”, como se dice. En este sentido, me ha impactado la orientación que dan los padres sinodales del último Sínodo: “Los cambios sociales, culturales, económicos, políticos y religiosos nos llaman a algo nuevo: a vivir de un modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones». (Juan Pablo 9 de marzo de 1983) Una evangelización dirigida, como nos ha recordado Benedicto XVI, «principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana […], para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Señor, el único que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que trae alegría y esperanza a la vida personal, familiar y social» (Benedicto XVI, inauguración del Sínodo de los obispos, 2012) (Mensaje, n. 2).

Los cambios a los que estamos asistiendo se han convertido sí en una llamada, quiero subrayarlo, “a vivir de un modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones»”. La alegría cristiana nace espontánea, efectivamente, de vivir nuestra experiencia comunitaria de fe (¡cómo lo compruebo en la visita pastoral a las parroquias!) ¿Acaso no es la Navidad ese acudir en comunidad a recibir al que nos trae la salvación? Alegría porque continúa moviéndose en la Iglesia el Espíritu Santo y cada vez nos notamos más dóciles a su impulso renovador. En esta dirección, las comunidades parroquiales están llamadas a ser hogares de familia cálidos, en que nos encontramos para fortalecer la fe, ciertamente, pero siempre para lanzarnos al “Anuncio”

Podrán crecer o disminuir las luces navideñas al ritmo que marque la economía o los reclamos comerciales, pero nunca podrán apagar la luz de la Navidad que anuncia en medio de la noche la llegada del Salvador. Dicen los padres sinodales en su mensaje final: “En el camino abierto por la nueva evangelización, incluso podremos sentirnos, a veces, como en un desierto, en medio de peligros y privados de referencias. El Santo Padre Benedicto XVI, en la homilía de la Misa de apertura del Año de la fe, ha hablado de una «»desertificación» espiritual» que ha avanzado en estos últimos decenios, pero él mismo nos ha dado fuerza afirmando que «a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir» En el desierto, como la mujer samaritana, se va en busca de agua y de un pozo del que sacarla: ¡dichoso el que en él encuentra a Cristo!

“La alegría de creer”, sí, en medio de tantas coyunturas humanas en las que se debaten los tópicos de la pretendida sociedad del bienestar que se están manifestado incapaces en si mismos de regenerar una sociedad. Aunque se hayan proclamado a la altura de las leyes en nuestro país, ¿ofrecen futuro y salida de la Crisis? “Me recuerda la expresión de San Juan de Ávila abandonando la Universidad de Salamanca “las negras leyes” frente a esa última expresión de los sinodales: ¡dichoso el que en él encuentra a Cristo! En el pozo de su propia conciencia, en la más “íntima intimidad” del converso San Agustín que experimentó el desierto de una vida intelectual y socialmente potente. ¡Alegraos! Se acerca el nacimiento del Salvador.

Vuestro Obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.