María y José invitados a la cena de Nochebuena

Mons. Francisco Gil Hellín     Hace unos días visité a un sacerdote amigo que está convaleciente de una operación quirúrgica importante. En la conversación, además de contarme el desarrollo de su dolencia, me habló de un proyecto que piensa llevar a cabo en su parroquia durante las próximas Navidades. Me pareció sugerente, realista y muy acorde con el espíritu de estos días.

Concretamente, me dijo que iba a proponer a sus parroquianos invitar simbólicamente a la Virgen y a san José a la cena de Nochebuena. La invitación se materializaría dando como limosna a Cáritas el importe de lo que supondría la cena de María y José, en el supuesto de que pudieran hacernos el honor de estar presentes. Como es lógico, la limosna oscilará entre los dos reales de la viuda del evangelio y una aportación más cuantiosa. Lo de menos es la cantidad. Lo que importa es el deseo de compartir algo con los que tienen menos que nosotros y están pasando verdadera necesidad.

Me parece una sugerencia no sólo ingeniosa sino muy acorde con el espíritu dela Navidad. PorqueNavidad es la expresión máxima del amor de Dios hacia nosotros, la donación de un Dios que nos ama hasta límites insospechados. Nada hay comparable a este acto de generosidad, porque nada es comparable con hacerse uno de nosotros, igual en todo menos en el pecado. Es verdad que “no hay mayor amor que dar la vida por el que se ama” y, por ello, que la muerte en la Cruz es el acto supremo del amor de Dios a los hombres. Sin embargo, lo realmente inefable es que Dios, sin dejar de serlo, se haya hecho un hombre verdadero para elevarnos a nosotros a la categoría de hijos suyos y hermanos entre nosotros. Dado este “salto”, ya es posible todo lo demás.

Por eso, actos como el aludido están en plena sintonía con el misterio de Navidad. No es el único. Por ejemplo, sin salirnos de la Cena de Noche Buena, estaría muy bien que antes de comenzarla el padre de familia leyera el evangelio del Nacimiento de Jesús en Belén. Por supuesto, participar -¡ojalá pudiese ser en familia!- a la Misa de Gallo. El fin de año, podríamos acercarnos al Sacramento dela Reconciliacióny pedir humildemente perdón de las cosas que hayamos hecho mal a lo largo de 2012, y tras comer las doce uvas –si las comemos-, pedir ayuda a Dios para que el año 2013 sea un año “nuevo”, no tanto porque hagamos cosas “nuevas”, sino porque nuestro amor a Dios y nuestro espíritu de servicio  conviertan en “nuevas” las pequeñas cosas de cada jornada.

Desde hace algún tiempo, Navidad se ha ido desplazando de su centro y escorándose hacia la periferia, que en no pocos casos se ha hecho irreconocible como fiesta cristiana. Ciertamente, las fiestas y celebraciones de los pueblos no se afincan en unos modos fijos y arqueologizantes. En sus expresiones varían según las circunstancias y la evolución que acompaña a toda sociedad que tenga vida. Sin embargo, hay un núcleo que permanece invariable que, precisamente, es lo esencial de la fiesta y de la celebración.

Si nos situamos en este horizonte, se comprende fácilmente que los cristianos del siglo XXI celebremos la Navidad de un modo diverso a como lo hacían nuestros hermanos del siglo segundo o del siglo doce. Pero ellos y nosotros –y los que vengan después de nosotros- celebraremos una Navidad que nos recuerde y haga vivir estas palabras del Credo: “Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del Cielo y por obra del Espíritu se encarnó de santa María, la Virgen, y se hizo hombre”.

A todos los lectores habituales y ocasionales de esta columna ¡¡Santa y Feliz Navidad!!

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.