Ardor, método y lenguaje

Mons.  Ángel Rubio    Cuando el Papa habla de nueva evangelización se refiere a que ante una cultura nueva hay que dar una respuesta nueva, y lo expresa diciendo que esa evangelización se ha de emprender con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones.

Este nuevo ardor es volver a predicar como lo hicieron los primeros discípulos que siendo hombres muy sencillos, transformaron el mundo, con lo que el lenguaje neotestamentario llama la «parresia» (cf. Hch 5,28-29): la valentía para no callar la verdad, la audacia para ir hacía aquellos que hasta el momento no quieren escuchar, el obrar impulsados por el fuego del amor divino, como lo hicieron el apóstol san Pablo y los mártires del inicio de la Iglesia, que no se  acobardaron ante los azotes, la cárcel o la muerte misma.

Ese nuevo ardor hace referencia también a la alegría y entusiasmo con los que se debe anunciar el Evangelio y con los que se ha de dar testimonio de la presencia de Cristo en la vida del evangelizador, es decir, algo similar a lo que experimentaron los discípulos de Emaús, quiénes después de escuchar a Jesús en el camino y después de reconocerlo en el partir el pan, se preguntaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24,32) y presurosos regresaron a Jerusalén para comunicar lo sucedido. El mensaje del Sínodo sobre la Nueva Evangelización ha señalado —usando la imagen de la samaritana— «Quién ha recibido la vida nueva del encuentro con Jesús, a su vez no puede hacer menos que convertirse en anunciador de verdad y esperanza para con los demás».

Nuevos métodos significa, igualmente, poner todo lo que esté a nuestro alcance para pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, que salga al encuentro de los alejados y, en fidelidad al Espíritu Santo, busque responder con valentía y audacia a los desafíos que se presentan para el cumplimiento de la misión de la Iglesia. El poner en marcha nuevos métodos exige, por consiguiente, humildad para evaluar con gran atención el modo como se está llevando a cabo la acción pastoral y analizar si las estructuras actuales responden a las exigencias y desafíos del presente.

En la era digital en la que nos encontramos hay que tener en cuenta, como nos dice Benedicto XVI, que «las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión». (Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales, 2011).

La nueva expresión exige, por consiguiente, que sea algo vivencial y, por lo tanto, es muy necesario que quien evangeliza dé testimonio con su vida y sea coherente con la fe que profesa. En los comienzos de la Iglesia los primeros cristianos convencieron por su testimonio de vida; por el servicio desinteresado a los demás y por el amor que se tenían; así fue creciendo la comunidad cristiana (cf. Hch 2,42-47). El cardenal Ratzinger afirmaba: «La nueva evangelización, que tanta falta nos hace hoy, no la realizamos con teorías astutamente pensadas: la catastrófica falta de éxito de la catequesis moderna es demasiado evidente. Sólo la relación entre una verdad consecuente consigo misma y la garantía en la vida de esta verdad, puede hacer brillar aquella evidencia de la fe esperada por el corazón humano; sólo a través de esta puerta entrará el Espíritu en el mundo» (Mirar a Cristo, 1990, p. 38). 

Se trata de buscar un lenguaje que, sin traicionar el sentido profundo de los misterios de nuestra fe, sea comprensible al mundo presente y se adapte a las diversas situaciones y a las diversas culturas. Esto exige revitalizar los lenguajes tradicionales que se han utilizado en la catequesis, en la liturgia y en los demás medios de comunicación de la fe. La Iglesia debe buscar métodos para proponer el evangelio que sean efectivos en la cultura actual.

+ Ángel Rubio Castro

   Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
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Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.