Primacía del hombre sobre el trabajo y la economía

Mons. Francisco Gil Hellín    “La defensa de los derechos humanos ha tenido grandes progresos en nuestro tiempo; sin embargo, la cultura moderna –caracterizada, entre otras cosas, por un individualismo utilitarista y un economicismo tecnocrático- tiende a devaluar a la persona”. Estas palabras, llenas de realismo y verdad, pertenecen a un discurso que acaba de pronunciar Benedicto XVI a los miembros de la Plenaria del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz.

No ha sido ésta la única gran afirmación de un discurso breve, pero sumamente enjundioso y programático. Al contrario, las perlas de ese discurso son tantas, que con ellas se puede tejer un hermoso collar de doctrina social de la Iglesia. Así, refiriéndose a una concepción muy difundida actualmente sobre el fundamento de los derechos humanos, el Papa afirma: “Los derechos y deberes no tienen como único y exclusivo fundamento  la consciencia social de los pueblos, sino que dependen fundamentalmente de la ley natural, inscrita por Dios en la conciencia de cada persona y, por tanto, en última instancia de la verdad sobre el hombre y sobre la sociedad”.  

Por eso, es tan importante tener una recta concepción del hombre, hoy tan amenazada por una cultura que prima de tal modo el individualismo utilitarista y el economicismo tecnocrático, que devalúa la persona. La amenaza es tan real que, por ejemplo, el hombre es considerado como mero ‘capital humano’, como simple ‘fuente de recursos’ o como parte de un engranaje productivo y financiero. El resultado final es lo que dice el Papa: ese sistema “estrangula” al hombre.

Una prueba de ello es que, mientras se sigue proclamando la dignidad de la persona humana, la nueva ideología del “capitalismo financiero sin límite”, llega a “prevaricar sobre la política” y “desestructura la economía real”. Metidos en esta perversa dinámica, el trabajador por cuenta ajena y su trabajo son considerados “como bienes ‘menores’”, minando así “los fundamentos naturales de la sociedad, especialmente de la familia”.

Frente a estas ideologías, potenciadas por poderosos medios de comunicación social en abierta colaboración con el poder económico y político, es preciso proclamar que la persona humana “goza de una primacía real, que la hace responsable de sí misma y de toda la creación”. Esto ha de traducirse en una concepción del trabajo como “bien fundamental para el hombre”, en orden a su propia personalización, a su socialización, a la formación de una familia, y al bien común y la paz.

Esta concepción cristiana del trabajo será un ariete fundamental para destronar a los ídolos modernos y para sustituir el individualismo, el consumismo materialista y la tecnocracia por una cultura de la fraternidad y de la gratuidad, del amor solidario. En esta perspectiva se comprende la importancia que reviste la difusión de la doctrina social de la Iglesia para la nueva evangelización del mundo moderno. Hoy, de modo muy especial, es preciso volver a reflexionar sobre el alcance social de las palabras del Señor: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Como dice el Papa, “aquí está el secreto de toda vida social plenamente humana y pacífica y de la renovación de la política y de las instituciones nacionales y mundiales”.

Aquí está también la verdadera defensa de un orden mundial que está surgiendo propiciado por la globalización, en el que se vislumbra ya el fantasma terrible de lo que el Papa llama “superpoder, concentrado en manos de unos pocos, que dominaría a todos los pueblos, explotando a los más débiles”. Y el cimiento para construir un nuevo orden social en el que “toda autoridad sea concebida –en palabras de Benedicto XVI- como una fuerza moral, como facultad de influir siguiendo la recta razón”. 

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
Acerca de Mons. Francisco Gil Hellín 207 Articles
Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.