Conversión desde el judaísmo: Karl Stern

Mons. Agustí Cortés      La atmósfera del Adviento sigue contagiándonos la esperanza del Mesías. Y dentro de ella recibimos testimonios de creyentes que nacieron en la fe de Abraham y que acabaron viviendo una profunda conversión a Cristo.

Hasta ahora hemos conocido testigos de una conversión a Cristo desde posturas ateas o agnósticas, bien desde la ciencia, como Alexis Carrel, bien desde una ideología o de un compromiso político, como Douglas Hyde, bien desde el judaísmo, como Eugenio Zolli. Aquí tenemos la oportunidad de profundizar en el testimonio de alguien que es judío, científico y comprometido políticamente: Karl Stern (1905-1975), conocido en el mundo de la medicina por su aportación al campo de la neuropsiquiatría.

La vida de Karl Stern, nacido en Baviera, en el seno de una familia judía liberal, es digna de un argumento de novela. En síntesis podemos decir que su corazón fue una encrucijada de esperanzas. La primera esperanza fue la de la propia fe judía. La segunda fue la medicina, con grandes éxitos en el campo de la investigación neurológica. La tercera, la doctrina y el compromiso marxista, como respuesta a la profunda crisis tras la Guerra Europea y a las situaciones de injusticia.

En el marco del tremendo sufrimiento que soportaban los judíos perseguidos por Hitler, los acontecimientos de su vida personal van poniendo ante sus ojos los límites de todas estas esperanzas. El sionismo se convierte en la defensa de una cultura y de un nacionalismo cerrado, entendido como un absoluto sin referencia alguna al Dios trascendente. El encuentro con el profesor psiquiatra Laudenheimer, le permite descubrir un método científico humanista que reconoce y cuenta con la libertad del individuo. El conocimiento más profundo de personas y grupos comunistas le ponen en cuestión la veracidad y la moralidad de sus planteamientos.

Al mismo tiempo ve aproximaciones de algo distinto. Se enamora de Liselotte, una joven de familia acomodada, pero que había roto con el estilo burgués, optando por un oficio manual y por un claro compromiso social. Será una verdadera compañera de búsqueda. La sencillez y amabilidad de Catalina Huber, una

criada católica, de esta familia; la capacidad de diálogo y la amistad con el matrimonio Yamgiwa, japonés protestante, y con la católica Berta Flamm en el Instituto Alemán de Investigaciones Psiquiátricas de Munich, la “exquisita humanidad” de un médico y una enfermera católicos, en la Facultad de Medicina de Frankfurt. Un sermón que escucha casualmente sobre la relación de la fe católica y el judaísmo según San Pablo. Todo le hace pensar que la fe cristiana,

– No sólo no renuncia a ninguna esperanza humana, judía, científica, política, sino que constituye su cumplimiento, purificándolas y enriqueciéndolas.

– Hace posible vivir el sufrimiento y luchar por la vida humana en todas sus formas.

– Se vive en la Iglesia una, universal, católica, que asume cualquier nación o cultura, yendo más allá de todo particularismo.

El testimonio de una religiosa, el de Dorothy Day, convertida y fundadora del Movimiento Obrero Católico, el de Jaques Maritain y su esposa Raissa, el estudio del cardenal Newman, la ayuda del padre franciscano Ethelbert, fueron luces que brillaron más que todos los posibles antitestimonios y prejuicios.

Su recuerdo nos deja muchos mensajes. Nos quedamos con éste: en Cristo recuperó a sus hermanos judíos

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.