¡Auméntanos la fe!

Mons. Antonio Algora     ¿Qué haremos en este Adviento para que Jesucristo sea el deseado de los pueblos en este mundo de increencia? Decíamos el domingo pasado para comenzar el Adviento, con la intención de preparar el camino al Señor, para que venga este año también a esta sociedad nuestra.

¿Qué haremos? Presentarnos con un corazón agradecido a nuestros hermanos: vecinos y conocidos. Lejos de callar, acomplejados, la fe que profesamos, confesar que “La fe es un don precioso de Dios que hemos de agradecer porque es obra de su gracia, San Pablo recordaba que «nadie puede decir Jesús es Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo» (1 Cor 12,3). Y es que solo Dios puede hablarnos de él y solo podemos conocerlo si él se nos manifiesta” (Carta pastoral “Sobre la fe” pg. 30).

La Navidad que preparamos es el resultado de esa iniciativa de Dios de hacerse presente en nuestra historia “hombre verdadero”. Os invito a leer de nuevo “el Catecismo de la Iglesia (n 153) cuando dice que la fe es una gracia, una virtud sobrenatural y nos recuerda la escena de la confesión de Pedro: «cuando Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, Jesús le declara que esta revelación no le ha venido «de la carne y de la sangre, sino de mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Lo primero en la fe es que es regalo divino. Como dice Benedicto XVI, la fe « no es, primariamente, acción humana, sino don gratuito de Dios, que arraiga en su fidelidad, en su «sí», que nos hace comprender cómo vivir nuestra existencia amándolo a él y a los hermanos». San Juan de Ávila decía que a Dios no le pueden conocer, de manera que se salven, si él no se les descubre.” (Id 30)

Por eso, la Iglesia ha de intensificar su oración en este tiempo de gracia que es el Adviento, pues todos hemos de rogar a Dios la gracia de la fe para nuestros hermanos. Cristo se ha manifestado en el tiempo, ha dividido la Historia humana en un antes y un después, pero quien lo confiesa lo hace solamente si ha sido iluminado por la Gracia de Dios.

Sigo diciendo en la Carta aludida: “La fe, por tanto, no es un derecho heredado que podamos reclamar, ni una conquista humana, fruto de nuestro esfuerzo, sino una gracia que por ser tal hemos de agradecerla y pedirla. «Por gracia estamos salvados mediante la fe y ésta no viene de nosotros, sino que es don de Dios» (cf. Ef 2, 8-9). Esta gratuidad divina de la fe, la comentaba el maestro Ávila de la siguiente manera: «este negocio y edificio no es cosa de nuestras fuerzas, pues ellas no alcanzan a tanto. Don de Dios es, como dice san Pablo, y no heredado, ni merecido, ni alcanzado por fuerzas humanas; porque nadie se gloríe en sí mismo de lo tener». Juan de Ávila, plenamente convencido de la gratuidad de la fe, predicaba y decía que «así como sólo Dios por su Iglesia declara lo que se ha de creer, así Él sólo puede dar fuerzas para lo creer. Os animo, pues,  a todos  a que demos gracias a Dios por el don de la fe recibida, y a que pidamos a Jesús, como lo hicieron los apóstoles: «Señor, auméntanos la fe» (Lc 17,5).” (Id 31)

Que no nos vean las gentes con ganas de pelea o discutiendo y confrontando posiciones, que seamos testigos gratuitos de esa inmensa gratuidad del Amor de Dios en nosotros. Aunque nos cueste, clavemos la pequeña piedra de la gratuidad en la frente de este gigante que es la increencia. La Navidad que preparamos es tiempo de regalar, de ser nada interesados.

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.