La solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima

 Mons. Manuel Ureña      El sábado, 8 de diciembre, celebramos el día de la Purísima, el día de la Virgen llena de gracia, de la Virgen plenamente santa.

Cuatro son los rasgos ontológicamente genuinos de la persona humana de María: su inmaculada concepción, su maternidad divina, su virginidad concomitante y su asunción a los Cielos en cuerpo y en alma.

  1. 1.      Inmaculada.

María fue purísima y, por ende, inmaculada desde el primer momento de su concepción en el seno de su madre. Que fue purísima e inmaculada significa que ella no conoció en su ser personal la presencia del pecado original, ese pecado del que ninguno de los hijos de Adán es personalmente responsable, pero que todos llevamos a cuestas cuando somos concebidos y algunos de cuyos efectos arrastramos toda la vida, como es el caso de la muerte biológica y de la concupiscencia, la cual procede del pecado y al pecado inclina aun cuando ella no sea en sí pecado.

Así lo definió de una vez por todas el Papa Pio IX en la bula “Ineffabilis Deus” del 8 de diciembre de 1854. La fórmula concreta elegida por el Papa reza así: “… Para honor de la santa e indivisa Trinidad, para gloria y esplendor de la Virgen Madre de Dios, para la exaltación de la fe católica y el acrecimiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra propia, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y  privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles” (DH 2803).

  1. 2.   Madre de Dios.

Ahora bien, María, concebida sin pecado original, había sido llamada por la Providencia a ser la Madre de Dios. Por eso, entre ambas dimensiones, inmaculada y madre de Dios, se da una correlación profunda. Como dice el Prefacio de la Misa de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, [tú, Señor], “preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia ella fuese digna madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura. Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.

  1. 3.   Virgen.

En tercer lugar, si María fue inmaculada porque estaba llamada a ser la madre de Dios, ella necesariamente había de ser también virgen, y virgen antes del parto, en el parto y después del parto. En efecto, el hecho ser María madre de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, exigía el no concebir a su hijo mediante obra de varón, sino bajo la acción y la providencia del mismo Dios.

Dicho más explícitamente, ¿cómo habría sido posible que María engendrara en su seno al Verbo de Dios si este hecho hubiera sucedido con el concurso de varón. De haber ocurrido así, el hijo de María habría sido un hombre, simplemente un hombre, y, por tanto, irrelevante desde el punto de vista salvífico. De ahí que, cuando el ángel Gabriel anuncia a María que concebirá en su seno y dará a luz a un hijo y le pondrá por nombre Jesús, y María le contesta que no entendía aquellas palabras porque ella no conocía varón, el Ángel le respondiera: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35).

  1. 4.   Asunta a los Cielos en cuerpo y en alma.

Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de la vida terrena, fue asunta en alma y en cuerpo a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo (cf LG 59).

En efecto, ¿acaso habría podido morir como nosotros y sufrir la corrupción en el sepulcro la mujer que no conoció el pecado original ni el pecado actual? Más todavía: dada la unión íntima existente entre la Madre y el Hijo, la Virgen María no murió como nosotros, sino que, vencida la muerte, fue levantada en cuerpo y en alma a la suprema gloria del Cielo en donde estaba destinada a brillar como Reina a la derecha de su propio Hijo. Tal es la verdad dogmática definida “ex cathedra” por el Papa Pio XII en la constitución apostólica “Munificentissimus Deus” de 1 de noviembre de 1950.

Ella, ya en el cielo, nos precede a nosotros, sus hijos, que peregrinamos todavía en este valle de lágrimas. Pues bien, también María pasó por este mundo guiada por la fe, y por una fe que le costó grandes esfuerzos y dolores. Aunque siempre estuvo profundamente unida a Cristo y jamás conoció clase alguna de pecado, María no gozó de la visión beatífica durante el tiempo que estuvo en el mundo. A ella le costaba creer, y su fe en Dios fue siempre una fe sudada, como lo es, aunque de forma diversa, también la nuestra.

En el Año de la Fe caminemos hacia el Padre tras las huellas de María, creyendo y viviendo como ella.

Manuel Ureña,

 Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.