Los fines del Año de la Fe

Mons. Julián López    Queridos diocesanos:

 Con las primeras vísperas del domingo día 2 de diciembre, I de Adviento, iniciamos un nuevo año litúrgico o recorrido de los misterios o acontecimientos de la vida de nuestro Redentor. Aunque el Año de la Fe fue inaugurado el pasado 11 de octubre, fecha del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, es significativo que el Papa, al convocar el referido Año, haya anunciado que la clausura tendrá lugar el día 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo con la que concluye el año litúrgico.  Entre el Año de la Fe y el año litúrgico existe, por tanto, una íntima analogía y relación puestas de manifiesto, ante todo, por el objeto de ambas celebraciones. En efecto, el Año de la Fe pretende ser un tiempo o etapa en la vida de cada uno de los fieles cristianos y en la marcha de la Iglesia para reflexionar sobre la importancia de la fe y redescubrir con ayuda del Catecismo de la Iglesia Católica, los contenidos de la fe expresados en el Credo. Este es el primer objetivo que el Papa ha señalado en la Carta Porta Fidei y que denomina Fe profesada o confesada (PF 8-10).

 Por su parte el año litúrgico es la celebración del “misterio de Cristo, desde la encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la dichosa esperanza y venida del Señor” (SC 102). Dicho de otro modo, el año litúrgico se vive como “sagrado recuerdo en días determinados a través del año de la obra de la salvación” efectuada por nuestro Redentor. Esta celebración anual, desde Adviento hasta el final del año litúrgico es otro objetivo del Año de la Fe en cuanto Fe celebrada o celebración de la fe (PF 9). En este sentido es indudable la importancia que asume el itinerario catequético, celebrativo, testimonial y orante que se nos propone para el Año de la Fe cuando sobre él se proyecta la luz del misterio de Cristo y de cada uno de sus acontecimientos salvíficos proclamados cada día por las lecturas de la Palabra de Dios, evocados por la plegaria litúrgica de la Iglesia y cumplidos en nosotros mediante los sacramentos y los demás ritos sagrados.

 Por este motivo he recomendado que las catequesis o predicaciones sobre los contenidos de la fe siguiendo el Credo, se realicen de este modo: en Adviento los referentes a Dios Padre Creador; en Cuaresma los de Jesucristo, Hijo de Dios encarnado y su misterio pascual; y en Pascua los alusivos al Espíritu Santo, la Iglesia y las realidades últimas. Así mismo la solemne profesión de fe tiene un marco espléndido en la vigilia pascual o en el día de Pascua, sin perjuicio de que se haga también en otros momentos del Año de la Fe. Por otra parte, en esta perspectiva se comprende que el Año de la Fe es como un tramo del camino o peregrinación de la Iglesia y de los cristianos por los caminos de la historia a semejanza del Camino de Santiago. El Papa hizo esta comparación en la homilía de Misa del día 11 de octubre.

 Va a comenzar, pues, el tiempo de Adviento, en el que renace la esperanza ante la venida del Señor de la que es garantía su manifestación en el misterio de su nacimiento. Hoy tenemos mucha necesidad de la esperanza que no defrauda para hacer frente no tanto a las consecuencias de la crisis económica como a la crisis de los valores espirituales y morales. Adviento nos invita a levantar la mirada hacia el que viene sin cesar a salvarnos de nuestros egoísmos y de la falta de fe. Feliz Adviento:

+ Julián,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella