"Creo en Dios, Padre Todopoderoso"

Mons. Alfonso Milián      Hay gente que cree vagamente, porque en algo hay que creer…; hay quienes se confiesan agnósticos, porque no logran ver claro en qué o en quién pueden depositar su confianza; hay quienes hacen gala de su increencia, y también quienes se atreven a negar a Dios, porque ―dicen― “Dios ha muerto”.

Los cristianos creemos en un solo Dios, del que confesamos que es Padre
todopoderoso. Le reconocemos como Padre, siguiendo el ejemplo de Jesús, que siempre habló de Dios como de su Padre, y nos reveló que también es nuestro Padre.

El Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, no sólo da la vida a los hombres, sino que ha pensado en cada uno de nosotros, como dice un salmo bíblico: «cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra». Nos quiere con entrañas de madre, porque nos ha creado «a su imagen y semejanza», y desea que nos parezcamos a Él, siguiendo las huellas de Jesús, que pudo decir con verdad: «quien me ha visto a mí ha visto al Padre». 

Un Dios que «es amor», porque «tanto amó Dios al mundo que entregó a su
Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna», y en Jesús nos ha amado «hasta el extremo». Es un Padre siempre dispuesto al perdón, tal como Jesús lo describió en la parábola del padre bueno y el hijo pródigo. Un padre que confía en el hombre y sabe que puede pedirle lo más difícil: perdonar como Él perdona.

Cuando Pedro preguntó a Jesús: «¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?», Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete», que era tanto como decirle: siempre. Así lo cumplió el mismo Jesús, cuando estando en el suplicio fue capaz de pedir: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Y nos enseñó a comportarnos de manera parecida al invitarnos a rezar: «perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe».

También decimos que Dios es Padre  todopoderoso. Esta última palabra nos
desazona un poco, porque con frecuencia experimentamos el misterio de la aparente impotencia o silencio de Dios ante el mal y el sufrimiento de los inocentes. Pero, tal como dice el Catecismo de la Iglesia, «Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal». Para Jesús, Dios se preocupa del hombre más que de los pájaros y de la hierba del campo, y sin embargo, durante la pasión y muerte de su Hijo, parecía estar ausente o mirando hacia otro lado. Pero no estaba ausente, como
tampoco está ausente de este mundo de dolor e injusticia, porque Cristo crucificado es «poder de Dios y sabiduría de Dios», y en la resurrección y exaltación de Cristo a la derecha del Padre es donde «desplegó el vigor de su fuerza y manifestó la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes». Sólo la fe es capaz de abrirnos a la comprensión de esta misteriosa omnipotencia de Dios, tan respetuosa con la libertad humana y, sin embargo capaz de «derribar del trono a los poderosos, y de enaltecer a los humildes». 

En este primer domingo de Adviento, abramos nuestro corazón para acoger al
Hijo que el Padre nos envía por medio de María.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
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Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.