Adviento, tiempo de espera: nacerá el Salvador

Mons. Antonio Algora     ¡Cuán ocupada estará vuestra merced en este santo tiempo en aparejar posada al huésped que le ha de venir! Paréceme que la veo solícita como Marta y sosegada como Magdalena, para con los servicios exteriores e interiores servir al que viene, pues de uno y de otro es digno y Señor. ¡Oh bienaventurado tiempo en que se nos representa la venida de Dios en carne a morar entre nosotros, para alumbrar nuestras tinieblas y encaminar nuestros pies en la carrera de la paz (cf. Lc 1,79), y, haciéndonos hermanos suyos, gozar de una herencia con El!”

Extraigo este texto de los escritos de San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia. Pertenece a una carta, (la 67, tomo IV de sus obras completas) que dirige a una señora en tiempo de Adviento. Surge espontánea la pregunta: ¿Estamos ocupados “en aparejar posada al huésped que nos va a venir”? Recuperar desde este domingo primero del Año Litúrgico este vivir en Jesucristo ha de ser nuestra tarea más importante, puesto que no se trata de hacer cosas sin más, sino de abrir alma, vida y corazón al Señor que viene a estar con nosotros.

“Coja y recoja su amor y asiéntelo en Dios quien quisiere alcanzar a Dios”. Evidentemente, preparar el Nacimiento del Señor en la pobre cueva de Belén es dejar cosas o posponerlas para salir al encuentro del Señor que llega para meterse en la historia humana; esta frase del segundo párrafo de la carta a la que nos referimos, es muy expresiva, acierta con la actitud del que se deja sorprender por el “acontecimiento” que ha movido esa historia humana, marcando ese antes y después de Cristo, que por algo contamos los años a partir de su Nacimiento.

Digamos con los hechos de nuestra vida y también con nuestras palabras que, si quieren acercarse a Dios, prueben a dejar “otros amores” siempre menores. “Querellémonos, señora, de nosotros, que, por querer mirar a muchas partes, no ponemos la vista en Dios y no queremos cerrar el ojo que mira a las criaturas, para con todo nuestro pensamiento mirar a sólo el Señor. Cierra el ballestero el un ojo para mejor ver con el otro, por acertar en el blanco, ¿y no cerraremos nosotros toda vista de lo que nos daña, para mejor acertar a cazar y herir al Señor?”

¡Cerrar la vista de lo que nos daña! Toda una tarea del Adviento para la comunidad eclesial. Ahí está nuestro trabajo de estas cuatro semanas anteriores a la Navidad. ¡Entiéndase bien! “…cerrar el ojo que mira a las criaturas” no deberá ser ignorar lo que pasa a nuestro alrededor ni, menos todavía, desentendernos del destino de los que nos necesitan.

No, San Juan de Ávila nos ha dicho previamente: “No sin causa vuestra merced desea su venida y le apareja su corazón por morada; porque este Señor deseado fue antes que viniese, y el profeta le llama el Deseado de todas las gentes (Ag 2,8); y a ninguno se da si primero no le desea. Muy mal empleado es el buen manjar en el gusto que no toma sabor en él; y así es Dios en quien no lo desea. El deseo de los pobres oye Dios (Sal 10,17), porque tiene sus orejas puestas en el suspiro del corazón que otra cosa no desea sino a Él; y a este tal viene y no se le niega, según lo dice en los Cantares: ¡Heriste mi corazón, hermana mía, esposa; heriste mi corazón en uno de tus ojos y en un cabello de tu cabeza! (Cant 4,9). ¿Puede ser cosa más tierna que la que es herida con la mirada de sólo un ojo? ¿Puede ser cosa más flaca que la que es atacada con un solo cabello? ¿Dónde están los que dicen que Dios es difícil de alcanzar, y riguroso para tratar, e incomportable para sufrir?”

¿Qué haremos en este Adviento para que Jesucristo sea el deseado de los pueblos en este mundo de increencia?

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.