Vivir con responsabilidad el Adviento

Mons. Juan José Asenjo    Queridos hermanos y hermanas: 

Comenzamos en este domingo el tiempo santo de Adviento, en el que nos preparamos para recordar el nacimiento del Señor hace veinte siglos en la cueva de Belén. Pero el Adviento no es el mero recuerdo de un suceso del pasado. Tiene una dimensión actual y un carácter profundamente espiritual. El Señor que va a nacer de nuevo para la Iglesia y para el mundo en la próxima Navidad, quiere nacer, sobre todo, en nuestros corazones y en las vidas de nuestras comunidades. 

En las próximas cuatro semanas, vamos a escuchar en la liturgia a los heraldos del Adviento, los profetas que anunciaron la llegada del Mesías. Isaías, Zacarías, Sofonías y Juan el Bautista nos van a invitar a prepararnos para recibir al Señor, a allanar y limpiar los caminos de nuestra alma; en una palabra, a la conversión y al cambio interior, para acoger al Señor con un corazón limpio. 

Adviento significa advenimiento y llegada; significa también encuentro de Dios con el hombre. En estos días, el Señor que vino hace 2000 años para salvarnos, se nos va a hacer el encontradizo. Para propiciar el encuentro con Él, yo os sugiero algunos caminos: en primer lugar, el desierto, la soledad y el silencio interior, tan necesarios en el mundo de ruidos y prisas en que estamos inmersos, tan proclive a la alienación y a la frivolidad. Necesitamos en estos días crecer en interioridad, entrar con sinceridad y verdad dentro de nosotros mismos para conocer cuáles son las ataduras, apegos e ídolos que se amontonan en nuestro mundo interior, que nos roban la libertad e impiden que Jesucristo sea verdaderamente el Señor de nuestras vidas. 

El Adviento es tiempo también de oración intensa, humilde y confiada. La oración nos renueva y refresca y nos lleva a la conversión, porque nos ayuda a romper las cadenas que nos esclavizan. La oración nos ayuda además a agrandar los espacios de nuestra alma para que el Señor renazca en nosotros, ilumine todos los rincones de nuestro corazón que no le pertenecen y dé un nuevo sentido, una esperanza renovada y una insospechada plenitud a nuestras vidas. 

Nuestra conversión al Señor que viene de nuevo a nosotros no será posible sin la mortificación, el ayuno y la penitencia, que no han pasado de moda y que preparan nuestro espíritu y lo hacen más dócil y receptivo a la gracia de Dios. Nuestro encuentro con el Señor en este nuevo Adviento tampoco será posible si no es al mismo tiempo un encuentro cálido con nuestros hermanos, con actitudes de perdón, de ayuda, desprendimiento, servicio y amor, especialmente con los más pobres y necesitados, los parados, los inmigrantes, los sin techo, que en estos momentos son legión como consecuencia de la tremenda crisis económica que nos aflige y que tanto sufrimiento y dolor está generando en nuestros pueblos y ciudades. No podremos decir que acogemos al Señor que viene, si no le acogemos en nuestros hermanos, sobre todo en los más pobres. 

El Adviento es uno de los tiempos especialmente fuertes del año litúrgico. Por ello, hemos de vivirlo con responsabilidad. En estas semanas tenemos un importante trabajo que realizar, el cambio interior, que hará posible que el Señor renazca en nosotros. Solo así viviremos la virtud propia del Adviento, la esperanza en el Dios que viene a salvarnos, que está con nosotros y nos alienta con la promesa de la vida eterna. Si así lo hacemos, viviremos la verdadera alegría de la Navidad, que nace de la experiencia del amor de Dios que se acerca al hombre. De lo contrario, viviremos una Navidad anodina, triste y desasosegada, porque nos faltará el protagonista, el Señor que nos trae la paz y la auténtica alegría.

San Lucas nos dice que la Virgen, después de dar a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón, queja que sólo admite parangón con aquella otra de San Juan cuando asegura que Cristo vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. Dios quiera que no sea este nuestro caso en este Adviento y en la próxima Navidad. No dejemos que nos la secuestren los reclamos publicitarios y el consumismo enloquecido, que no sacian las ansias profundas de felicidad del corazón humano. 

El mejor modelo del Adviento es la Santísima Virgen, que acogió a su Hijo, primero en su corazón y después en sus entrañas. Ella esperó al Señor con inefable amor de Madre y preparó intensamente su corazón para recibirlo. Que ella sea nuestra compañera y guía en estas vísperas de la solemnidad de su Inmaculada Concepción. Que Ella nos ayude a todos los cristianos de Sevilla a prepararnos para recibir al Señor y para que el encuentro con Él transforme nuestras vidas y nos impulse a testimoniarlo y anunciarlo a nuestros hermanos. 

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición. 

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".