Ante la crisis, solidaridad

Mons. Carlos Escribano     El Año de la Fe en el que estamos inmersos, nos invita a valorar el don de la fe recibida y nuestra coherencia con la misma, y debe ser también “una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad” (Porta Fidei nº 14)

La fe en el Resucitado, manteniendo nuestra vista puesta en Dios y en los hermanos, nos mueve a preguntarnos sobre las actitudes y comportamientos que nos han conducido a esta situación social y económica actual, que nos cuestiona profundamente. La crisis económica sigue golpeando con gran crudeza a nuestra sociedad. Son muchos los afectados, cada vez más numerosos y cercanos. Las cifras y datos que se publican periódicamente, invitan al desánimo.  La huelga general acaecida el pasado 14 de Noviembre y los muchos conflictos sociales que saltan constantemente a los medios de comunicación, son signo de un malestar social presente en nuestro país que genera desafección y rechazo entre los ciudadanos, especialmente entre los jóvenes, a las instituciones sociales y políticas.

Algunas situaciones generadas por la crisis, me refiero a los desahucios, son especialmente dolorosas y requerirán un esfuerzo compartido que de una solución real y definitiva a los problemas de los afectados. “Es urgente encontrar soluciones que permitan a esas familias – igual que se ha hecho con otras instituciones sociales – hacer frente a sus deudas sin tener que verse en la calle. No es justo que, en una situación como la presente, resulte tan gravemente comprometido el ejercicio del derecho básico de una familia a disponer de una vivienda”. (Ante la crisis,  solidaridad nº 14. Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española. 3-X-2012).

Pero el desánimo no debe vencernos ni paralizarnos. La fe de los cristianos esta unida estrechamente a la esperanza, que en esta situación nos ayuda a afrontar nuestro presente y a trabajar para el futuro. La dura realidad que nos atosiga debemos contemplarla a la luz de la fe, haciendo especial hincapié en las dimensiones ética y cultural de la crisis, intentando sacar las debidas consecuencias de conversión y compromiso.

Nuestra Iglesia diocesana se siente interpelada por esta situación y debe comprometerse en la búsqueda de soluciones. Así nos lo propone el cuarto objetivo específico previsto para este curso en nuestro Plan Diocesano de Pastoral: “acrecentar la coherencia entre la fe profesada y el modo de vida de los cristianos en medio del mundo, desde la opción preferencial por los pobres”. En palabras de Juan Pablo II (SRS nº 42), la opción preferencial por los pobres “es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana (…) se aplica a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes.”

En la actual situación que estamos atravesando, descubrimos que el objetivo marcado por nuestro plan diocesano se convierte en una nueva voz para  nuestra conciencia. Es de agradecer el papel de Cáritas y de otras beneméritas instituciones religiosas de ayuda que  están operando ya de manera efectiva. Pero hay que aspirar a más: tanto individual como comunitariamente, en nuestros movimientos, comunidades, parroquias, familias religiosas, en definitiva, en nuestra diócesis hemos de buscar las acciones necesarias que hagan posible nuestro compromiso con los más débiles.  Será el mejor camino para trasformar nuestra fe en un signo de esperanza para los que con nosotros conviven.

+ Carlos Escribano Subías,
 Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.