Año de la Fe (y IX)

Mons. Juan José Omella     El P. Eloi Leclerc, franciscano, en el libro “La Sabiduría de un pobre”, en un diálogo entre san Francisco de Asís y el Hno. León, nos dice cómo hay que entender la evangelización, la presentación del amor de Dios a quienes no lo conocen. Con mucha sencillez, pero con gran precisión, nos enseña qué es evangelizar: 

“El Señor nos ha enviado a evangelizar a los hombres, pero ¿has pensado ya lo que es evangelizar a los hombres? 

Mira, evangelizar a un hombre es decirle: ‘Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús’. Y no sólo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no sólo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que él pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia de sí. 

Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profundas. 

Es preciso ir hacia los hombres. La tarea es delicada. El mundo de los hombres es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios. Es preciso, sobre todo, que al ir hacia ellos no les aparezcamos como una especie de competidores. Debemos ser en medio de ellos testigos pacíficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente sus amigos. 

Es nuestra amistad lo que ellos esperan, una amistad que les haga sentir que son amados de Dios y salvados en Jesucristo” .

Sí, el Señor cuenta con nosotros. Cuenta contigo y conmigo, cuenta con todos los bautizados, para evangelizar nuestro mundo, para llevar la Buena Nueva de la Salvación. No podemos guardar el tesoro de la fe para nosotros. No podemos guardarlo en un cofre o en nuestro corazón sin hacer partícipes de ello a otros. 

No tengáis miedo, queridos cristianos, de ir a nuestro mundo con la luz del Evangelio. Si sois valientes y si confiáis en el Señor os respetarán y admirarán, aunque de momento no os lo digan. 

Me impresiona lo que dijeron los compañeros de un periodista francés, que se atrevió a entrar a trabajar en un medio hostil a la fe cristiana, el periódico “Nouvel Observateur”. El periodista se llamaba Maurice Clavel y trabajaba como redactor jefe. Mirad lo que dijeron sus compañeros el día de su entierro en el editorial del periódico:

“Habiendo escogido anclarse en un medio donde los agnósticos, los ateos y los no practicantes eran mayoría, Maurice vivía su cristianismo sencillamente, con soltura… Estábamos acostumbrados a verlo interrumpir un artículo urgente, una reunión importante, para ir a Misa. Poco a poco, tanto las risitas de sorpresa como las burlas amables se fueron transformando en admiración. Era él quien nos imponía su ritmo hasta el punto de que a pesar nuestro, y a su pesar, habíamos terminado por vivir con alguien del que sentíamos confusamente que no estaba sólo, sino constantemente acompañado por una presencia que lo inunda todo”.

¿Qué miedo tenéis? Identificadlo y miradlo de cara. El miedo está en nosotros y no fuera de nosotros. Si vamos sin miedo agradecerán nuestro testimonio y nos admirarán como admiraron a Maurice Clavel y como han admirado siempre a los testigos (Mártires y Santos). Y no vale decir que somos mayores y que somos pocos. Abrahán también era muy mayor cuando Yahvé le hizo salir de su tierra e ir a una desconocida. Pero se fió de Dios y se puso en camino. Y Dios lo hizo padre de una multitud. 

Que escuchemos y no apaguemos la voz, las palabras de Jesús a los apóstoles y que hoy las dirige a cada uno de nosotros los cristianos del tercer milenio:

“¡Duc in altum!” (¡adelante, lánzate a la mar, vete a pescar sin miedo!) (Lc 5,4).
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.