Francisco Acevedo, sacerdote de mayor edad del presbiterio malagueño: «Es inconcebible un corazón cristiano que no ame al enemigo»

Antonio Moreno – diocesismalaga.es

Francisco Acevedo Ponce de León (Alcalá del Valle –Cádiz– 1915) es historia viva de la Iglesia malacitana. El sacerdote de mayor edad del presbiterio malagueño sirve aún, en lo que sus pocas fuerzas le permiten, a la comunidad parroquial de San Patricio. Desde su casa se oye el alegre eco del chiquillerío del cercano patio del colegio. Sonidos que seguro le transportan a aquellos maravillosos años de seminario. Años felices junto a los beatos Manuel González y Enrique Vidaurreta, ante cuyo recuerdo se le nubla la vista.

– Se salvó usted por los pelos del martirio.

– Yo era muy niño y estudiaba en el Seminario. Una noche me despiertan de madrugada dando palmas con las manos. Yo creí que ya era el día siguiente y fui a buscar la sotanilla que teníamos para la Misa y al empezar a vestirme me dijeron: «No, no. Tu traje para irte para tu casa que vienen a meterle fuego al seminario». Entonces yo cambié de rumbo y salimos de allí corriendo por el monte

– Pero la persecución contra la Iglesia continúa de otra forma menos cruenta.

– Las dos persecuciones hacen falta, las dos son necesarias y de las dos sale siempre triunfando la Iglesia. ¿Dónde están los perseguidores de la Iglesia? ¿Dónde está Azaña? ¿Sabes que se confesó antes de morir? ¡Qué poco educamos a los católicos apostólicos romanos en lo que es ser cristiano, seguidor de Jesucristo! El cristiano es instrumento de paz. Y es inconcebible un corazón cristiano que no ame al enemigo. Amar al enemigo, no perdonarle la vida porque yo soy don fulano de tal. Es «que os améis los unos a los otros como yo os he amado». No hay otra interpretación.

– ¿Sabe qué significa la palabra jubilación?

– Es una palabra latina: jubilatio jubilationis, de la tercera declinación, del verbo jubilare, que significa «vacacionarse». El jubilado es uno que tiene derecho a cruzarse de brazos y a no hacer nada (risas). Yo no me he jubilado ni me jubilaré. Me ha jubilado la ley, eso sí.

– A san Juan de Ávila, patrón del clero secular español, acaban de nombrarlo doctor de la Iglesia. ¿Qué mensaje destacaría para los sacerdotes de hoy?

– Pregunta más bien: «¿qué hay en san Juan de Ávila que no sea programa de vida para los sacerdotes de hoy?» Y para los sacerdotes de hoy no puede haber otra consigna distinta que la de: «dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer y serán los dos una sola carne». Eso es para el matrimonio, pero también dejará el sacerdote a su padre y a su madre para seguir a Jesucristo que lo dejó todo. El sacerdote tiene que ser «otro Cristo», sin quitar o añadir absolutamente nada.

– A su edad, ¿seguro que pensará en el cielo más a menudo?

– ¿Yo no sé por qué me dices «a tu edad»? ¿Hay un momento en tu vida en que no estés familiarizado con lo tuyo? ¡Si tú estás aquí de paso y yo también! Si te has casado, una nueva oportunidad para que tú seas el ángel de ella y ella el ángel tuyo. Pídele al Señor que a partir de hoy los niños no vean una cara larga a su mamá en su papá, o viceversa. Y eso es posible. Si al acostarte te acuerdas de que le pusiste una cara seria, pídele perdón. Porque ella no se casó con una cara seria. Se casó con una sonrisa. Y con tu conducta contradices lo que ella soñó y eso sí que le parte todos sus planes. Está en tus manos. Es posible.

– O sea, que de miedo a la muerte ni hablar.

– ¡Qué va! «Morir cada hora un poco es el modo de vivir (…) de suerte que, cuando llegue la muerte, le quede poco que hacer». Búscame razones para tenerle miedo. Yo tengo la respuesta: ¡Porque yo no muero! –Y termina, cantando– «Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero, que muero porque no muero…»

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