Año de la Fe (VIII)

Mons. Juan José Omella     La semana pasada presentaba en este escrito las dificultades que encontramos en los momentos actuales para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, para emprender la Nueva Evangelización. Comentaba la dificultad que encontramos con esa cultura envolvente tan alejada de Dios y centrada sobre nosotros mismos. Y comentaba también el fenómeno inmigratorio que nos pone en contacto con realidades tan distintas que, aún siendo enriquecedor ese contacto, sin embargo puede hacer desmoronar muchos de los valores que nos han formado y sostenido a lo largo de la historia. 

Otras dificultades que podemos encontrar son:

Medios de Comunicación Social. Son instrumentos difusores de este ambiente de secularización. Son realmente un poder que influye poderosamente en las gentes. Pueden levantar o hacer caer a cualquier persona o institución con la difusión de sus noticias sean o no objetivas, sean o no verdaderas. La nueva evangelización exige a los cristianos la audacia de estar presentes en estos “nuevos areópagos”, buscando los instrumentos y los caminos para hacer comprensible el Mensaje de Jesús.

 Economía. Los Papas han denunciado en muchas ocasiones los crecientes desequilibrios entre el Norte y el Sur del mundo, en el acceso y distribución de los recursos que son para todos, así como el daño a la creación (ecología). La Iglesia está también llamada a denunciar las situaciones de injusticia, a ser la voz de los que no tienen voz, y a promover una mayor solidaridad entre todos los pueblos y naciones de la tierra.

 Investigación científica y tecnológica. La ciencia y la tecnología han avanzado muchísimo en los últimos años. Todos dependemos cada vez más de esos avances. Pero tiene el peligro de convertirse en los nuevos “ídolos” del presente. En un mundo tan digitalizado se corre el riesgo de hacer de la ciencia nuestra nueva religión a la cual dirigir las preguntas sobre la verdad y el sentido de la esperanza, sabiendo que solo recibiremos respuestas parciales e inadecuadas. Aquí podríamos también situar todo el campo de la bioética tan necesitado también de iluminación evangélica.

Es necesario que estemos atentos a estas realidades tratando de conocer lo que sucede a nuestro alrededor. No podemos ignorar la realidad ni aceptar las cosas sin actitud crítica. Necesitamos formarnos y conocer en profundidad lo que está pasando en nuestra sociedad que está cambiando a marchas forzadas. Necesitamos leer más, buscar respuestas a los grandes interrogantes que se plantean. Y no podemos aceptar sin más lo que muchas veces se oye de que la Iglesia está siempre en contra de la ciencia y de los avances. La Iglesia apuesta siempre por el bien de las personas y de los pueblos, pero no a cualquier precio.

Vivamos con gozo nuestra fe y pidamos al Señor que nos conceda fuerza para ser apóstoles humildes y valientes.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.