Palabras de saludo del obispo electo, Mons. Xavier Salinas Viñals a la diócesis de Mallorca

Mons.  Xavier Salinas Viñals       Te saludo con alegría, Diócesis de Mallorca. Bendigo al Señor, que sostiene y guía nuestras vidas, por la oportunidad que el Santo Padre me ofrece al nombrarme para ser vuestro Obispo. Así, no sólo seré con vosotros un cristiano más que sigue al Señor, sino que, para vosotros, seré también signo e instrumento de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Un nombramiento que es un gesto de confianza del Santo Padre, y me impulsa a ponerme en camino para cumplir el mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos …”(Mt 28,19). Todo servidor de la Iglesia es siempre un enviado, y su fuerza radica en Aquel que le envía.

Mis primeras palabras son expresión de la alegría que nace de la fe en el Señor Jesús, que ha vencido al mal y la muerte, y nos convoca a formar parte de una misma familia, la Iglesia, para proclamar que Dios está con nosotros. Un saludo que tiene en cuenta los momentos de dificultad que vivimos, el sufrimiento de tantas personas, la urgencia de nuevas respuestas ante los retos que se plantean; y también a tantas otras que, en Cáritas o en otras instituciones, o en la discreción del anonimato, son instrumentos de ayuda y consuelo. Pero, insisto, mi saludo es ante todo una invitación a confiar en el Señor, y a subrayar el valor sagrado de cada persona y su necesaria aportación para la construcción de nuestra sociedad.

Conozco algunos aspectos de la Diócesis de Mallorca. Sé que cuenta con una historia de fe marcada por la presencia de tantos santos, fundadores, misioneros; por tantas familias que a lo largo de generaciones han transmitido la fe a sus hijos. Una Diócesis la belleza de cuyas obras de arte dan testimonio de aquella otra que ilumina el corazón de las personas. Es verdad que hoy vivimos en una sociedad de fuertes cambios que suscitan nuevos desafíos para vivir y transmitir la fe, para llegar a ser personas de bien. En este sentido, saludo especialmente al presbiterio diocesano, mi necesario colaborador, y a los diáconos permanentes; a los miembros de los institutos de vida consagrada, que con su testimonio de vida y obras apostólicas llevan adelante tantas iniciativas de educación de los jóvenes y de atención a los más necesitados; a los movimientos y asociaciones, que promueven la participación de un laicado responsable de la fe. Un saludo que quiere destacar el valor, a veces heroico, de tantos cristianos que viven la fe día a día, en la familia, el trabajo, la formación y el tiempo libre, enfermedad o la ancianidad. Una mención muy entrañable me merecen los niños y jóvenes. En ellos se dibuja nuestro futuro eclesial y social. y también la responsabilidad de los mayores, que debemos ser para ellos puntos de referencia firmes, a fin de que puedan hacer opciones que den esperanza y sentido a su vida. En esta línea, cómo no dirigir un saludo cordial a todos los educadores y, de forma particular, a los catequistas, que ayudan de tantas maneras al crecimiento de la fe de todos.

En esta hora, mi acción de gracias al Señor se hace extensiva a las Diócesis en las que he realizado mi misión episcopal: Ibiza, Tortosa y Lleida. Cada una de ellas me ha ayudado a vivir el servicio episcopal desde una nueva dimensión. En ellas me he alegrado y he sufrido. En ellas he aprendido a decir sí a Jesucristo, y a reconocer también que “llevamos este tesoro en vasijas de barro”(2Co 4,7). Por eso pido al Señor el don de la conversión permanente al Evangelio, para mí y para toda la Iglesia. Y vosotros, queridos diocesanos de Mallorca, acogedme en el nombre del Señor como vuestro padre y pastor, dadme la oportunidad de amaros.

Pongo todo en manos de nuestra Madre, la Virgen María, a quien desde ahora quiero invocar con este dulce y entrañable título: Mare de Déu de Lluc. A Ella le pido que nos ayude para que nuestra Diócesis sea lugar de encuentro de las distintas tendencias, orígenes y grupos sociales de todos los creyentes, que nada que afecte a las personas nos sea ajeno, y que a todos ofrezcamos el signo por el que se sabrá que somos cristianos: el amor de Cristo.

+Xavier Salinas Viñals

Obispo de Tortosa

Obispo Electo de Mallorca

Mons. Javier Salinas Viñals
Acerca de Mons. Javier Salinas Viñals 48 Articles
Nace en Valencia el 23 de enero de 1948. Cursó estudios eclesiásticos en el Seminario valenciano, recibiendo la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1974. Es Doctor en Catequesis por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma (1979-1982). CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo inició en la Parroquia de San Jaime de Moncada, de donde fue coadjutor entre 1974 y 1976. Este último año fue nombrado superior del Seminario Menor de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1977, cuando fue nombrado consiliario diocesano del Movimiento Junior. Tras su estancia en Roma, volvió a Valencia como delegado episcopal de Catequesis, de 1982 a 1992; capellán y director espiritual en el Colegio Seminario Corpus Christi de Valencia, de 1987 a 1992; y Vicario Episcopal, de 1990 a 1992. Este último año fue nombrado obispo de Ibiza, sede de la que estuvo al frente hasta 1997, cuando fue promovido a la diócesis de Tortosa. El 16 de noviembre de 2012 fue nombrado obispo de Mallorca. El 8 de septiembre de 2016 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar desde el año 2014, tras ser reelegido para un segundo trienio el 15 de marzo de 2017. Desde el año 1999 hasta 2014 presidió la Subcomisión Episcopal de Catequesis. El 23 de octubre de 2012 la Santa Sede le nombró miembro del Consejo Internacional para la Catequesis (COINCAT), organismo consultivo vinculado a la Congregación para el Clero.