Día de a Iglesia Diocesana 2012

Mons.  Braulio Rodríguez       Para mí hablar de la Iglesia me parece una necesidad y un gozo. Me gustaría que así fuera a todos los católicos toledanos. No significa que tengamos un afán propagandístico o corporativista, sino que la Iglesia es nuestra Madre y nos da a Jesucristo. Y eso es muy grande. De modo que es normal que sintamos agradecimiento y alegría de formar parte de este gran pueblo extendido por todo el mundo. Pueblos diversos, razas y culturas distintas son en la Iglesia una comunión en el Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo.

Pero, a la vez, la Iglesia es muy concreta y no es una realidad puramente espiritual: participa de la Encarnación de su Fundador; por ello toma cuerpo en comunidades concretas, en Iglesias particulares o Diócesis, esa parte “del Pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio” (Vaticano II, Decreto Christus Dominus, 11). Cada Diócesis tiene, pues, que organizar su tarea y su misión en una tierra concreta, con hombres y mujeres que tienen una historia y están implicados en una sociedad de tales o cuales características.

Todo lo cual significa, por ejemplo, que la Archidiócesis de Toledo presenta cada año un presupuesto y un balance de cada ejercicio económico, que va del 1 de enero al 31 de diciembre. Debe saber cuanto tiene que gastar, o cuanto puede. No somos una empresa con una serie de puestos de trabajo, pero necesitamos personas que trabajen y sean remuneradas, aunque nuestra actividad siempre está en función de las tres grandes acciones de la comunidad eclesial: el servicio de la Palabra, de la celebración y vivencia de Liturgia, y la atención preferencial a los pobres y la transformación de nuestra sociedad en realidades más justas, como pide el amor de Jesucristo a la humanidad.

Ciertamente la mayor parte de quienes trabajan en la Iglesia diocesana con una remuneración salarial son sacerdotes y diáconos; pero no son pocos los fieles laicos que profesionalmente llevan adelante servicios también eclesiales. Es verdad que de lo que la Iglesia en España recibe por el IRPF (la famosa + a favor de la Iglesia Católica) a nuestra Diócesis de Toledo llega una parte de nuestro presupuesto anual. Pero no es verdad que el Estado financie a la Iglesia, porque son muchos los gastos que corren de parte de los católicos toledanos y del ahorro y buena gestión de nuestra Administración diocesana. Cada año se rinde cuentas a los fieles y lo sabe la sociedad.

Yo veo en todo lo expuesto una consecuencia: gracias a la generosidad de los católicos, la Iglesia diocesana puede proporcionar a la comunidad eclesial, pero también a la sociedad toledana, unos servicios importantes, que también contribuyen a crear una sociedad mejor. Tal vez muchos, todavía con una visión ideologizada sobre la Iglesia, no reconozcan este papel de beneficio social y de contribución al bien común que la comunidad eclesial proporciona. Pero es real y debemos mostrarlo.

Sin duda que sin la contribución voluntaria de miles de católicos al funcionamiento de la Iglesia Diocesana, parroquias, movimientos apostólicos y grupos cristianos de todo tipo no serían posibles. Sin tantos hombres y mujeres católicos, que se ocupan de tareas beneficiosas como son la catequesis, la enseñanza, a atención a los padres y sus hijos, la acción social y caritativa, la creación de grupos de adolescentes y jóvenes, la atención igualmente a los mayores y enfermos, el servicio a los inmigrantes, no sería posible. Y la sociedad toledana carecería de todo esto.

Pensad, por otro lado, que la actual coyuntura económica precisa de unos servicios de atención primaria (que ciertamente son obligación de los poderes públicos) a gente con una precariedad cada día mayor. Las Cáritas parroquiales, interparroquiales, en definitiva la Cáritas Diocesana sin duda alguna deberá aumentar su presupuesto para atender a estos hermanos. También otras instituciones de Iglesia. ¿Es extraño, pues, que os pidamos y nos pidamos una mayor generosidad para poder llegar más lejos en nuestro servicio a la sociedad y a las obras eclesiales de la Diócesis de Toledo? Pienso que es justo, “por tantos”.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.