Conocemos el timbre de su voz

Mons. Julián Ruiz Martorell     Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Jesucristo nos sitúa ante una decisión vital: “Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga»” (Lc 9,23).

Sentimos la urgencia de conducir a las personas de nuestro tiempo hacia Jesús, al encuentro con Él. Experimentamos la “necesidad de reavivar una fe que corre el riesgo de apagarse en contextos culturales que obstaculizan su enraizamiento personal, su presencia social, la claridad de sus contenidos y sus frutos coherentes” (XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje al Pueblo de Dios, nº 2).

Hablar de Jesucristo es hablar de la esencia misma del cristianismo. El cristianismo implica principios filosóficos, pero no es filosofía; contiene principios éticos, pero no es una ética; presenta principios sociales, pero no es un movimiento social. El cristianismo es Cristo conocido, creído, amado, seguido y transmitido.

La contemplación del rostro de Cristo se centra, sobre todo, en lo que de Él dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, está impregnada de este misterio, señalado en el Antiguo Testamento y plenamente revelado en el Nuevo.

Es determinante la actitud de disponibilidad para acoger en nuestra vida la Palabra de Dios, cuya plenitud es Cristo; es decir, estar abiertos a la revelación y responder mediante la fe.

Cuando leemos en el Evangelio según San Juan “y el Verbo se hizo carne” (Jn 1,14) no nos encontramos solamente ante la cumbre de esa joya poética y teológica que es el prólogo del Evangelio joánico, sino en el corazón mismo de la fe cristiana. La Palabra eterna y divina entra en el espacio y en el tiempo y asume un rostro y una identidad humana.

En el contacto frecuente con la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios va calando hondamente en nuestro interior y las experiencias se van acumulando como oportunidades providenciales para recibir la luz de Cristo, de modo que podamos comunicarla a distintas situaciones y a personas diferentes. Y la Palabra de Dios también nos permite reconocer el rostro del Cristo sufriente en las angustias, sufrimientos, dudas e incertidumbres de todos aquellos para quienes debemos ser prójimos.

Cuando releemos el relato de nuestra vida, podemos dar muchas gracias a Dios porque su voz sigue llegando intensa y viva hasta nuestros oídos, y continúa conmoviendo nuestros corazones. 

Llega un momento en que sabemos quién es Él. Conocemos el timbre de su voz. Le reconocemos como el Señor que pronuncia nuestro nombre con amor eternamente misericordioso y providente. Es el Señor que, desde la eternidad, nos ha creado según un designio de vida y amor. Es el Señor que nos ama, nos llama, nos invita a seguirle y no envía por los senderos de la historia. 
La fe se decide en la relación que establecemos con Jesucristo, que sale a nuestro encuentro.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.
+Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.