Una Iglesia que crece y vive

Mons. Francisco Gil Hellín    Los grandes acontecimientos comienzan cuando concluyen. Es el caso, por ejemplo, del reciente Sínodo sobre la Nueva Evangelización. Es ahora, tras su clausura el pasado 28 de octubre, cuando llega el momento de asumir los nuevos aires que en él se han dejado sentir, e impulsar, con ilusión y espíritu de iniciativa, las grandes líneas que ha marcado. Benedicto XVI aún no ha hecho pública la acostumbrada exhortación que sigue a estos eventos. Pero, es muy significativo que haya hecho publicar –es la primera vez que esto ocurre- las Propuestas que le han entregado los participantes del Sínodo, con el fin de que puedan servirle para la exhortación postsinodal aludida. Además, él mismo ha querido subrayar y acoger estas tres grandes orientaciones que han aparecido en el Sínodo: la evangelización ordinaria, la evangelización del primer anuncio y la evangelización de los que se han alejado de la fe y/o de la práctica religiosa.  

La nueva evangelización, que afecta a toda la vida de la Iglesia, se refiere, en primer lugar, a la “pastoral ordinaria”. La nueva orientación que el Papa desea para ella es que esté “más animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que frecuentan habitualmente la comunidad y que se reúnen en el Día del Señor para  nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna”. Es decir, la nueva evangelización pide que las parroquias y demás comunidades sean mucho más misioneras, de manera que rompan las barreras de la apatía apostólica en que tantas veces están encerradas. La participación en la misa del domingo no puede limitarse a “cumplir el precepto”, sino que ha de espolear el espíritu apostólico de los fieles. Como alguien ha dicho, hay que despertar al león del laicado, que está muy dormido desde hace muchos años. Para llevarlo a cabo, Benedicto XVI señala como objetivo inmediato “acompañar con una preparación adecuada el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía”. Esa catequesis no sería “adecuada” si sólo contemplase enseñar-aprender cosas, por hermosas que sean. Ha de ir acompañada con el crecimiento en la fe, con práctica de vida cristiana, con celebraciones y con compromisos de caridad. Hay  que potenciar “la llamada del Señor a la santidad, dirigida a todos los cristianos de todos los fieles” y recuperar el sacramento de la Penitencia, sin el cual es imposible vivir como cristianos.

La nueva evangelización está esencialmente conectada con el “primer anuncio de la fe”, para anunciar el Mensaje de salvación a los hombres que todavía no conocen a Jesucristo”. Esos hombres ya no están sólo en África, Asia y Oceanía, sino que, gracias a “la globalización se impone también en los países de antigua evangelización”. En nuestra diócesis de Burgos hay muchos emigrantes que se encuentran en esta situación; y ya es muy considerable el número de niños en edad escolar, nacidos aquí, que no están bautizados.

El tercer aspecto de la nueva evangelización guarda relación con las personas que están bautizadas pero no viven las exigencias mínimas del bautismo. El Sínodo –ha dicho el Papa- ha dado a este punto una especial relevancia, pues tales personas “se encuentran en todos los continentes, especialmente en los países más secularizados”, como son los de Europa, Estados Unidos y Canadá. El Sínodo ha pedido que se les dedique “una especial atención, para que encuentren nuevamente a Jesucristo”. Para ello, “además de los métodos pastorales tradicionales” hay que inventar “métodos nuevos” y usar “nuevos lenguajes”, proponiendo “la verdad de Cristo con una actitud de diálogo y de amistad que tiene como fundamento a Dios que es Amor”.

El Sínodo ha abierto, por tanto, un gran horizonte a nuestra fe. Es un horizonte no exento de dificultades y riesgos, pero apasionante, pues de él ha de renacer una Iglesia que crece y vive.      

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.