Querido diocesano, ya seas sacerdote, religioso o seglar…

Mons. Antonio Algora     Hoy salgo del estilo habitual, para dirigirte una carta que deseo sientas muy personal, dirigida a ti como hijo de la Madre Iglesia.

El día de la Iglesia Diocesana debe ser una jornada festiva que nos impulse a agradecer a Dios el hecho de haber nacido a la vida de Hijos suyos en esta Iglesia particular que es la Diócesis de Ciudad Real. Si importante fue el comienzo, el día de nuestro bautismo, importante es ir creciendo en el seno de esta «casa de familia», que eso significa la palabra griega que da origen a la castellana: «diócesis».

Aprecio, sí, por la «casa» donde podemos escuchar la Palabra de Dios Padre, comer el Cuerpo entregado de Jesucristo en la Eucaristía y sentirnos rodeados del inmenso Amor del Espíritu Santo. Vida trinitaria que nos capacita para descubrir nuestros pecados y ser escuchados en el sacramento del perdón, que nos capacita para ser testigos de la vida divina, la que únicamente puede salvar. La Iglesia Madre que nos hace crecer en justicia y santidad verdaderas. En esta «casa de familia», a la vez que aprendemos a vivir como hijos de Dios, crecemos en la responsabilidad de ser hermanos los unos de los otros y, sobre todo, de ocuparnos de los que todavía no sienten la alegría de ser cristianos.

Comunión y Misión, las dos palabras claves de la Vida de la Iglesia que nos descubre el Concilio Vaticano II cuyo cincuentenario estamos celebrando.

Comunión afectiva y también efectiva en cuanto que, con todo cariño, nos debemos tratar unos a otros y tratamos nuestras cosas. Misión que nos impulsa a ocuparnos de los demás en todas las dimensiones de la vida humana, pues, si nos ha de ocupar el Anuncio del Evangelio, es decir que conozcan a Nuestro Señor Jesucristo, dicho conocimiento lleva consigo sentir su Presencia que viene a salvar al ser humano integralmente: cabeza, corazón y manos.

Es así como tiene sentido el quinto mandamiento de la Iglesia: «ayudar a las necesidades de la Iglesia» que nos responsabiliza a todos, pues todos estamos obligados a ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia. (Catecismo n. 2043) Necesidades materiales que han crecido, hoy, exageradamente en el capítulo Cáritas. La Crisis económica está haciendo estragos en los más empobrecidos, multiplicando el número de ellos y las necesidades más básicas de vivienda, comida y vestido.

Termino como he comenzado. El día de la Iglesia diocesana celebramos nuestro agradecimiento a Dios Padre, porque, en Jesucristo, nos ha dado una Casa donde habitar (la Iglesia) que mantiene en pie el Espíritu Santo. Nuestra limosna hoy recobra su mejor significado: agradecer a Dios lo que nos da con parte de los mismos bienes que nos ha dado. ¡Feliz Día!

Con mi bendición,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.