Día de la Iglesia diocesana 2012

Mons. Gerardo Melgar Viciosa   Queridos diocesanos: 

Como cada año, en este mes de noviembre celebramos en España el Día de la Iglesia diocesana. Este año celebraremos esta Jornada el domingo 18 con el lema “La Iglesia contribuye a crear una sociedad mejor”. Es éste un día destinado a que todos los creyentes nos concienciemos de que somos parte activa de la Iglesia y miembros vivos de la misma; una llamada a redescubrir nuestros compromisos como creyentes y a recordar la misión de evangelizar -que el Señor confió a toda la Iglesia- de la que todos y cada uno de los bautizados debemos sentirnos corresponsales. 

La misión de la Iglesia es anunciar a Jesucristo, su mensaje y sus valores, en orden a que los hombres crean en Él y vivan su vida desde el mandamiento nuevo de Jesús y desde las exigencias de la fe. Una fe que no sólo no aísla del mundo sino que nos urge a la transformación de las realidades de este mundo según los criterios de Dios; esto equivale a decir que la fe contribuye, desde su esencia misma, a crear un mundo mejor, un mundo más humano, un mundo en el que Dios-Creador sea realmente quien dirija la vida de los hombres y les impulse a amarse como hermanos. 

Al celebrar esta Jornada -este año en el marco del Año de la fe, de los cincuenta años del comienzo del Concilio Vaticano II y en el centro de nuestra Misión diocesana- se nos está pidiendo a todos que seamos capaces de reavivar nuestra fe, de vivirla en toda su exigencia, siendo testigos de la alegría de creer en nuestra vida diaria. Cuando hacemos y vivimos desde la fe no sólo estamos respondiendo a los compromisos de nuestro Bautismo sino que estamos contribuyendo a crear una sociedad mejor y más humana, en la que por encima de los egoísmos reinen la solidaridad y el amor; en la que por encima de los odios y rencores reine entre los hombres el amor; y en la que, por encima de un ambiente sin Dios, Él se haga presente por medio de todas las personas empeñadas en lograr un mundo mejor a través de la vivencia de la fe. Por eso, celebrar el Día de la Iglesia diocesana es una invitación a que -como Diócesis- cada uno revisemos, fortalezcamos, celebremos y testimoniemos nuestra fe, concientes de que si lo hacemos estaremos realmente siendo creadores de una sociedad mejor. 

Necesitamos hacer una revisión de nuestra fe tal que nos ayude a descubrir en qué medida nuestra vida creyente está contribuyendo a crear esa sociedad mejor; será buen momento para preguntarnos si, tal vez, nuestra sociedad no cambia a mejor porque nuestra fe no es lo que debiera ser en todos los sentidos. Una sociedad sin Dios es una sociedad destinada al fracaso; por eso, la Iglesia desde el anuncio del mensaje de Cristo y la llamada a la fe está contribuyendo a crear una sociedad con futuro cierto y esperanzador: “cuando se cierra al horizonte de la fe, al verdadero conocimiento y amor de Dios, el corazón del hombre se empobrece. Entonces, las personas acaban por convertirse a sí mismas en centros del mundo, sin otro referente que los propios intereses y se esfuman las bases para una comprensión de la existencia humana sin egoísmo. La fe, por el contrario […] otorga a la vida el aliento y la fortaleza necesarios para superar los momentos difíciles y para contribuir desinteresadamente al bien común” (N. 6 de la Nota de la Comisión permanente de la CEE, 4 de octubre de 2012). 

Para esta revisión de la fe, para su vivificación y afianzamiento, estamos viviendo el Año de la fe y, en nuestra Diócesis, la Misión diocesana “Despertar a la fe” que estamos desplegando porque estamos convencidos de que la fe es un instrumento eficaz e imprescindible para descubrir la verdad del hombre, para tener el coraje de acogerla y afrontarla, y para apartarse de los ídolos de la ambición egoísta y de la codicia que corrompen la vida de personas y pueblos contribuyendo a construir una sociedad mejor, más fraterna y solidaria. 

La Iglesia -con el cumplimiento de la misión que ha recibido del Señor de llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón del mundo, como decía el Beato Juan Pablo II- está haciendo una llamada a todos a la conversión, a optar por una vida sin egoísmos y con más fraternidad; está haciendo una llamada al compromiso por el bien y la justicia; está contribuyendo desinteresadamente al bien común y al logro de una sociedad más según el Corazón de Dios que responda con mayor radicalidad a las necesidades del hombre actual. 

Tomemos conciencia de qué somos y a qué somos llamados como creyentes; proclamemos que la Iglesia es siempre cauce importante para poder construir una sociedad óptima a través de la promoción de los valores humanos y cristianos. Comprometámonos en la vivencia de estos valores, en la vivencia de nuestra fe cristiana, siendo testigos de la misma para los que nos rodean; así, unidos, lograremos edificar una sociedad mejor, más humana, más fraterna, más de acuerdo con los planes de Dios.

  +  Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.