Cáritas y la pobre viuda

Mons. Antonio Algora     Hoy es un domingo especial que nos llama a ver con claridad la funcionalidad de la vida presente en favor de la Vida con Dios para siempre. Quiero ver en la moneda de la pobre viuda que ofrece a Dios lo que necesita para vivir y que es, ciertamente, muy poco, la aportación que Cáritas viene haciendo a la sociedad en estos momentos tan apurados económicamente para todos los empobrecidos por la Crisis.

Los católicos y las gentes de buena voluntad que se fían de la Iglesia por su labor social, venimos prestando servicios sociales a esta sociedad con lo que necesitamos para seguir viviendo. La administración de la Junta de Comunidades sigue teniendo la mejor voluntad de sostener esos servicios sociales que venía prestando con la ayuda de Cáritas, pero nos sigue teniendo en precario con el retraso de los dineros.

La Palabra de Dios nos invita pues a seguir siendo esa aportación pequeña, pero estimada por Nuestro Señor Jesucristo que, ofrecida a Dios Padre con toda generosidad, da respuesta multiplicada a los agobios de los más queridos por Él que son los pequeños de este mundo. Por supuesto que las dos obras sociales que englobamos en lo que venimos llamando “Signo Solidario”, que son la casa de Abraham de Daimiel, para la inserción de los transeúntes, y Siloé de Ciudad Real, para la recuperación y cuidado de los drogadictos, no son la solución total de estos dos gravísimos problemas sociales de nuestra provincia, pero sí son, verdaderamente ese “Signo”, esa señal que nos pone en pie denunciando en nuestras vidas comodidades, falta de austeridad y egoísmos.

Os lanzo a todos un SOS, una llamada de urgente necesidad en la que nos encontramos, para ver de dar respuesta definitiva a los graves problemas de financiación que padecemos. En este Año de la fe, el “Signo Solidario” debe seguir siendo, en nuestra Iglesia Diocesana, la verificación de la fuerza de nuestra Fe, la manifestación de la capacidad que tiene la Fe de transformar nuestras vidas. Dios nos ha regalado este don de darse a conocer y darnos a conocer a nosotros mismos. ¿No vamos a agradecer al Señor este Don de la Fe con la prueba de que nos ha tocado el corazón y nos ha sanado de todas nuestras injusticias, egoísmos y pecados? La limosna de la viuda que comenta el Evangelio de hoy está reclamando de nosotros una limosna que dé fuerza sanadora a la Fe católica.

No son mis palabras una especie de chantaje emocional, sino la consecuencia que se desprende del dinamismo del Amor de Dios en nosotros. Fijaos en este texto de San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia: «En la Santísima Trinidad hay tres personas y una sustancia… En la Santísima Trinidad, tres personas distintas, que una es la persona del Padre y otra es la persona del Hijo y otra es la del Espíritu Santo, y todas tres personas tienen una esencia… En Dios hay entendimiento que se conoce y representa a sí mismo, y la noticia presentada por el entendimiento es el Hijo, de este entendimiento que es el Padre y de la noticia que es el Hijo, procede la voluntad que es el Espíritu Santo… Dice san Juan: Nuestra compañía sea con el Padre y con el Hijo Jesucristo. Tómase aquí por el Padre la divinidad de Dios, y por Jesucristo, la humanidad de Dios… Cuando Dios ama a una ánima, ese amor que Dios la tiene es amor fecundo. Nunca Dios ama a nadie sin que le haga bien con su amor. Si Dios ama, grandes bienes da con su amor» (Lecciones sobre 1 Juan [I], 3). Así nuestra limosna es la consecuencia de sentirnos amados por Dios, el motor que da fecundidad a nuestra vida y está llamado a volcarse en los hermanos más débiles.

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.