¿La fe en Dios y la ciencia se contradicen?

Mons. Francisco Pérez     No hay contradicción entre fe y ciencia. Al contrario, estas dos realidades son recíprocamente complementarias. El progreso científico, propiamente interpretado, ayuda a la mejor comprensión e interiorización de los valores espirituales, así como los valores espirituales tienen la fuerza intrínseca de sensibilizar a quienes promueven las investigaciones científicas. El Papa Benedicto XVI dice que “el hombre, tanto en su interioridad como en su exterioridad, no puede ser plenamente comprendido si no se le reconoce abierto a la trascendencia”.

Tengo aún muy presente el día que pude compartir mesa y mantel con el Papa Beato Juan Pablo II. Fue en el Palacio Apostólico del Vaticano, en su casa. En medio de la conversación, donde estábamos ocho obispos con el Papa, le pregunté cuál era lo que más le preocupaba en esos momentos. Me miró con sus ojos de pillo y después de bromear, como solía hacer él, yo aún era un recién ordenado obispo de 45 años, me dijo: “Lo que más me preocupa es el relativismo que existe en la sociedad. Está haciendo mucho daño y se requiere una nueva evangelización”. Después nos confidenció que estaba escribiendo una encíclica que iba a titular “Fe y Razón”. Y así fue, un año después, el 14 de septiembre del año 1998, esta encíclica salió a la luz.

Ya ha pasado definitivamente el tiempo en que se trataba de contraponer estas dos realidades. Aún se ven reacciones contrapuesta e incluso alguien tal vez atraído por los descubrimientos de la ciencia cree que ésta es ya mayor de edad para zanjar el preguntarse sobre la existencia de Dios. No se me olvida cuando en plena procesión de la fiesta de San Fermín, un joven iba corriendo detrás de mí diciendo: “Ya se ha descubierto la partícula de Dios -se estaba en esos días hablando y comentando en todos los medios- por lo tanto no sois necesarios, marchad a vuestras casas, no os necesitamos, nos habéis engañado”. Una reacción sin sentido pero que indica cómo la ignorancia y la información tergiversada puede provocar estos modos absurdos de pensar.

Ciertamente que, como dice el Concilio Vaticano II: “Las cosas creadas y las sociedades mismas gozan de leyes y valores propios que el hombre ha de descubrir, aplicar y ordenar paulatinamente” ( Cfr. Gaudium et Spes, 36), pero también es preciso reconocer las exigencias metodológicas propias de cada ciencia y arte. Sin embargo, conviene recordar “que la única búsqueda correcta de la verdad es la que se realiza con un examen metódico, de manera verdaderamente científico y respetando las normas morales. La justa aspiración al conocimiento de la verdad no puede descuidar jamás lo que pertenece a la esencia de la verdad: el reconocimiento del bien y del mal” (Juan Pablo II, Discurso a un grupo de rectores de universidades de Polonia, 30 de agosto 2001).

La ciencia podrá barruntar la fe pero nunca llegará a alcanzarla puesto que la fe va más allá de la ciencia. La una se sostiene en lo verificable y la otra en la Revelación de Jesucristo. A la ciencia le ayuda la ética, a la fe la Sagrada Escritura. De ahí que sea incomprensible la afirmación de algunos científicos que llegan a afirmar que debería haber un acuerdo de todos los partidos políticos para que la ciencia esté por encima de todo y que la religión no debería interferir en la investigación científica. El doctor Josef Menguele estuvo de acuerdo. Él mismo, en Auschwitz, invocó a la ciencia para realizar experimentos con seres humanos. Pero claro: los judíos no eran seres humanos para los nazis. Tampoco los embriones humanos lo son para algunos científicos modernos.

El científico o el pensador no son creadores de la verdad, sino humildes investigadores que presentan a los demás aquello que está a su alcance y siempre con la nobleza del que ha descubierto algo que no engloba lo absoluto. Un investigador que absolutiza su hallazgo descuida que la finitud nunca puede confundirse con la infinitud. Jesucristo reprocha a los sabios y entendidos de si mismos y sin embargo elogia a los sencillos y los humildes. La verdad sólo está al alcance de los que buscan con fidelidad y se revela a los que miran más allá de sus propias percepciones. La ciencia y la fe están para ayudarse mutuamente y para ponerse, al servicio, del hombre; de lo contrario se falsificaría y se traicionaría la misión a la que están llamadas una y otra.

+Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).