Mensaje realista y de esperanza

Mons. Casimiro López Llorente      Queridos diocesanos: Durante tres semanas se ha celebrado en Roma el Sínodo de los Obispos sobre la “nueva evangelización para la transmisión de la fe”.  Al final del mismo, los padres sinodales han escrito un mensaje al Pueblo de Dios bajo el título “Como la samaritana en el pozo”. Este documento es fruto del sínodo, si bien no es el fruto final que será la exhortación apostólica que nos ofrecerá en su momento el santo Padre. El mensaje es un documento bello en su contenido y sencillo en su lenguaje, cuya lectura recomiendo.

El mensaje del Sínodo es realista y, a la vez, lleno de esperanza. Los padres sinodales son muy conscientes de los desafíos a los que se enfrenta la Iglesia en su misión evangelizadora tanto en su interior como hacia el exterior; pero también reconocen la vitalidad existente en la Iglesia gracias a la presencia en medio de ella de Jesucristo, su Señor, y de la fuerza del Espíritu santo. Las dificultades en la evangelización, fruto de la secularización, el laicismo hostil, el ateísmo militante, la indiferencia religiosa, el alejamiento de muchos bautizados, de la globalización o de las migraciones son oportunidades para una nueva evangelización. La Iglesia sabe que el Señor guía la historia con su Espíritu y esto da serenidad a los creyentes ante los nuevos problemas. Y de otro lado, “no hay hombre o mujer que en su vida, como la mujer de Samaría, no se encuentre junto a un pozo con un cántaro vacío, con la esperanza de saciar el deseo más profundo del corazón, aquel que sólo puede dar significado pleno a la existencia. Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del hombre, pero conviene hacer discernimiento para evitar aguas contaminadas. Es urgente orientar bien la búsqueda, para no caer en desilusiones que pueden ser ruinosas”. 

La Iglesia cree firmemente que sólo Jesucristo es el agua que da la vida verdadera y eterna, y que ella misma está enviada a ofrecer a todos a Jesucristo, vida para el mundo. De ahí que la tarea prioritaria de una nueva evangelización sea conducir a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo al encuentro con Él en la Iglesia, porque ella es el espacio ofrecido por Cristo en la historia para poderlo encontrar. El le ha entregado su Palabra, el bautismo que hace hijos de Dios, su Cuerpo y su Sangre, la gracia del perdón del pecado en el sacramento de la Reconciliación, la experiencia de una comunión que es reflejo mismo del misterio de la Santísima Trinidad y la fuerza del Espíritu que nos mueve a la caridad hacia los demás. 

Por todo ello los desafíos a la evangelización se plantean con un tono positivo. Cuanto más difícil es la situación analizada, más alentadoras son las palabras del Sínodo en los distintos temas que abordan y en las distintas partes de la Iglesia universal. Por ejemplo, en relación con los jóvenes, su mensaje está lleno de realismo y de esperanza cristiana, que está lejos de todo voluntarismo. Los padres sinodales están preocupados por los jóvenes, pero no son pesimistas. Preocupados, porque justo sobre ellos vienen a confluir los embates más agresivos de estos tiempos. Pero no son pesimistas porque “el amor de Cristo es quien mueve lo profundo de la historia y además, porque los jóvenes tienen aspiraciones profundas de autenticidad, de verdad, de libertad, de generosidad, de las cuales sólo Cristo puede ser respuesta capaz de saciarlos. El mensaje muestra pues que la Iglesia está viva, que no acepta una visión catastrofista de su realidad, sino vive en la esperanza y en la confianza. 

Con mi afecto y bendición, 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.