La trascendencia es imprescindible

Mons. Francisco Pérez      No estamos en momentos muy fáciles a nivel social. Las ideas o ideologías que más influyen y que quieren hacerse dueñas de todo y muchas veces con un “pensamiento único” tratan de mostrarnos o demostrarnos que son los más demócratas. Un engaño en el que muchos caen. Por eso se ha de abogar para que la libre expresión y la libre forma de vida auténticas no se ahoguen por los que detentan el poder social. Si, por ejemplo, se diera el cheque escolar a cada familia y ellas escogieran el Colegio, muchos se sentirían sorprendidos de la respuesta o de la educación que, estas familias, quieren para sus hijos.

La Iglesia no quiere imponer pero sí propone, con autenticidad y firmeza, que la educación integral es muy importante en los alumnos. La formación humana, intelectual y técnica son importantes pero les faltaría algo necesario si se dejara a un lado o se depreciara la parte transcendental o religiosa. Es aquí, además, donde se tratan importantísimas cuestiones como, por ejemplo: ¿Qué lugar ocupamos en el Cosmos, estamos solos, o gozamos de asistencias suprahumanas?¿La vida tiene algún sentido o está regida por el puro azar?¿Hay un Dios que nos libera de nuestra propia culpa, necesitamos Salvación?¿Qué pasa más allá de la muerte?¿Merece la pena hacer el bien?¿El sufrimiento tiene algún sentido? Todas estas preguntas inquietan profundamente a todo ser humano, y no sólo al religioso.

El Estado nunca es dueño sino administrador y por ello es normal que sea aconfesional y libre de todo adoctrinamiento. Las familias tienen el deber de educar a sus hijos y el derecho de enviarles a los Colegios que ellos, en conciencia, quieran. Y si el Estado se lo impide está cometiendo un grave fraude y se puede convertir en tirano.

“La laicidad del Estado supone neutralidad ante las diversas creencias religiosas, y, al mismo tiempo, los poderes públicos deben prestar su colaboración con todas ellas en la medida en que contribuyan al bien común de la sociedad. En consecuencia, el Estado laico debe reconocer la vida religiosa de los ciudadanos, dado que, además de un derecho constitucional, debe considerarlo como un bien tanto para el ciudadano como para la colectividad” (Aurelio Fernández, ¿Hacia dónde camina occidente?, BAC, pag. 436).

El Papa Benedicto XVI afirma que la Iglesia tiene la obligación y deber de pronunciarse en sus criterios éticos y que esto no es una interferencia en la política puesto que tiene “una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia a favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación” (Cfr. Cáritas in Veritate, nº 9). Este principio y sentimiento se ha dado a través del tiempo en la enseñanza de la Iglesia puesto que de la misión religiosa derivan “funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina… y donde sea necesario, según las circunstancias de tiempo y de lugar, la misión de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de todos” (Cfr. Gaudium et Spes, nº 42).

Pensemos en la cantidad inmensa de labores de atención que la Iglesia ejercita y ha ejercitado: Instruir (enseñanza), aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia las persecuciones. A cuántos ha dado de comer, ha dado techo, ha vestido, ha visitado enfermos, presos y necesitados de cariño y a cuántos ha enterrado. Estas obras de amor y misericordia se han ido haciendo patente en tantos cristianos y misioneros que seria interminable e imposible incluir en varias bibliotecas.

Me pregunto muchas veces: ¿Tanto mal está haciendo la Iglesia, que viene perseguida, como si de un enemigo se tratara? Me duelen los fallos y pecados de los miembros de la Iglesia, pero me duele también que aquellos que se han formado al amparo la Iglesia y que incluso se profesan católicos sean, muchas veces, los que más la atacan. Tal vez el secularismo, el laicismo y el relativismo se estén convirtiendo en la tiranía de la mal llamada democracia. Nos quedamos impasibles ante la autorización de una Clínica abortista como lo más normal y nos echamos las manos a la cabeza, como si de un horror se tratara, ante la propuesta de abrir un Colegio de sana enseñanza y de sanas costumbres. Aquello sí, esto no. El tiempo dará la razón, con justicia, a la verdad puesto que la mentira tiene “patitas muy cortas”.

+Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).