La humanidad de la fe

 Mons. Joan Piris      Ya hemos empezado el Año de la Fe y me permito pedir una especial atención para no caer en la tentación de disociar fácilmente las cosas. Nuestra cultura actual, muy fragmentada, puede alimentar actitudes y praxis que hacen pensar en compartimentos separados, diferenciando mucho doctrina, espiritualidad y acción pastoral. Esto se ha traducido a menudo en un «primero formarse, y luego actuar», o en permanentes distinciones entre teoría y práctica, entre «vida interior» y apostolado, etc. retrasando algunas actuaciones o replanteamientos.

Quiero hacer una llamada a la coherencia para ir disminuyendo la distancia que puede haber entre el decir y el hacer, como dice la Carta de Santiago: «Poned en práctica la Palabra y no os limitéis a escucharla, que os engañaríais a vosotros mismos «(St 1, 22).

Por eso, habrá que procurar vivir en todo momento una espiritualidad atenta a los signos de los tiempos y encarnada en los acontecimientos de cada día. No tendría mucho sentido un planteamiento doctrinal separado de la vida de las personas, insensible a sus gozos y esperanzas, a sus tristezas y angustias. Sabemos que tenemos que vivirlas en carne propia porque no hay nada profundamente humano que no encuentre eco en el corazón de un cristiano (cfr. Gaudium et Spes, 1).

El mismo Papa Benedicto XVI, dos días antes de publicar su primera Encíclica («Deus Charitas est»), explicaba que su intención era enfatizar la centralidad de la fe en un Dios que ha asumido un rostro y un corazón humanos: «Tenemos necesidad del Dios vivo, del Dios que nos ha amado hasta la muerte. A estas alturas, la palabra «amor» parece algo muy lejano de lo que un cristiano piensa cuando se habla de caridad. Intento mostrar la humanidad de la fe de la que forma parte el «sí» de la persona humana a su corporeidad creada por Dios».

La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo (cfr. Porta Fidei, 7). «La Caridad de Cristo nos urge» (2Cor 5,14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar.

El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. Es esta dimensión misionera, como expresión de una nueva y generosa apertura al don recibido, lo que nos debe impulsar a introducir la pregunta sobre Dios en esta sociedad de vieja cristiandad y en nuestro mundo de la indiferencia o increencia.

Y hacerlo sin olvidar la vertiente ética y social que es una dimensión imprescindible del testimonio cristiano, rechazando la tentación de una espiritualidad oculta e individualista, que tiene que ver muy poco con las exigencias de la caridad, ni con la lógica de la Encarnación, y que nos debe llevar a iniciativas evangelizadoras menos orientadas hacia el interior de las comunidades cristianas, y más comprometidas en el anuncio de la fe a todas las personas.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

 Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.