Gracias, don Bosco, por tu visita a Valencia

Mons. Carlos Osoro     Querido Don Bosco: si todos los momentos de la vida son importantes para recibir a un santo, a un amigo de Dios, lo es mucho más este tiempo. Los jóvenes del siglo XIX tuvieron en tu persona a un sacerdote cercano, con una capacidad especial para llegar a su corazón y darles lo que más necesitaban; fuiste para ellos un gran amigo, confidente, maestro y educador. Diste a los jóvenes lo que más necesitaban en aquellos momentos, como fue recuperar la dignidad que tiene el hombre. Esa dignidad que se desenvuelve, se manifiesta y se contagia, cuando uno se entiende, desde lo que es realmente: hijo de Dios y hermano de todos los hombres. El tiempo en que viniste a la vida, 16 de agosto de 1815, no era fácil. Era un siglo de tensiones y conflictos. En Italia se vivía un tiempo problemático y más en el Piamonte que era campo de rivalidades entre Austria y Francia. Pero ahí se fragua tu santidad. En tu persona, Don Bosco, se unen admirable y armónicamente los dones de naturaleza y de gracia, de tal modo que lo humano no solamente no queda anulado, sino enriquecido de una manera admirable por lo divino. 

Tuviste una gran madre cristiana. Ella, Margarita Occhiena, muerto tu padre cuando tenías dos años, se encarga de ayudarte a descubrir el camino de la santidad, camino verdadero para construir la verdadera personalidad que ha de tener todo ser humano. Lo hace con su ejemplo y con sus enseñanzas, te enseña a rezar, a conocer el catecismo, a hacerte ver la presencia de Dios y vivir siempre en esa presencia. ¡Qué sueño tuviste a los nueve años! Me impresiona oír contártelo a ti: “Tuve por entonces un sueño que me quedó profundamente grabado toda la vida”. Sigue con ese sueño, Don Bosco, lo necesitan los jóvenes hoy. Este sueño marcó un eje que estructura toda tu vida, define un camino y una dirección. Los destinatarios son los jóvenes, los más abandonados. Y en este sueño ves también el estilo que vas a emplear para estar a su lado. ¡Qué bien nos lo describes!: “No con golpes, sino con mansedumbre y con caridad”, vas a entregarles una educación integral. ¡Qué bien vas a cumplir ese sueño cuando, a los veintisiete años, eres ordenado sacerdote en Turín en el año 1841! La impresión que uno tiene de ti, Don Bosco, es que eres una persona simpática y atrayente, alegre y optimista, activa y dinámica, trabajadora y austera, tenaz y mansa, sencilla y audaz, llena de Dios y con una mirada de fe tan honda que captabas la atención y producía simpatía tu presencia a todo el que se acercaba a tu lado. Hacías sentir lo agradable que es ser familia de Dios, miembros vivos de la Iglesia.

Han pasado muchos años de aquél sueño y también de todo lo que aconteció en tu vida para hacerlo realidad. Vienes a Valencia en los comienzos del siglo XXI. Es un momento importante de la historia de la humanidad y los jóvenes te siguen necesitando. Como nos ha dicho el sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, vivimos una situación educativa de “gran emergencia”. Precisamente por ello te necesitamos. Como Penélope, en su espera de Ulises, en un continuo tejer y destejer, se han ido haciendo y deshaciendo tantas reformas y contrarreformas, tantos planes, proyectos y programas, que nos hemos olvidado del protagonista más importante: el joven y el niño. Por eso, te agradecemos la presencia, porque vuelves a recordarnos la misión más importante, como es acercarse a los jóvenes y ver su situación. Ya tú los viste en Turín en el siglo XIX, abandonados. Observabas por las calles cómo estaban desocupados, vagando por ellas, tristes, cabizbajos, desorientados, desconfiados y esquivos, sin presente y sin futuro, con necesidad de alguien que se acercase a ellos por lo que son, regalándoles sin engaños la salud y la felicidad verdadera.

¡Qué bueno es que nos visites precisamente ahora! Quiero manifestarte, Don Bosco, que hoy los jóvenes te necesitan, quizá más que entonces. Gracias por visitarnos. Los jóvenes necesitan de cercanía y amistad, de vivir un clima de familia, de sentirse queridos, de llenar sus vidas de contenido, de garantizarles un porvenir, de encontrarse con el proyecto de hombre que siempre han soñado y que, cuando entran en la soledad, lo ven claro. Necesitan de Jesucristo, el único que nos ha revelado un proyecto de hombre cabal. Por eso, necesitan la cercanía de sacerdotes como tú, que les manifiesten el rostro de Jesucristo. Siempre lo que más me ha llamado la atención ha sido tu entrega total e incondicional, sin reservas de ningún tipo, a los jóvenes. Tu tiempo siempre era para ellos, con ellos descansabas, no necesitabas otros lugares.

¡Qué proyecto más bello comienzas Don Bosco el día 8 de diciembre de 1841! Todo en una sacristía, cuando ves como a un muchacho de dieciséis años se le golpea y buscas que venga a verte. Allí, en aquel encuentro, en aquella sacristía comienza una nueva tonalidad que iba a tener la educación. Podemos llamarla de cualquier modo pero, ciertamente, le regalas cercanía, diálogo, aceptación incondicional de su persona, amistad, confianza. En aquella sacristía comienza una nueva manera de vivir la educación. Ahora, en esta visita que nos haces en Valencia, nos vuelves a recordar lo que el Papa Benedicto XVI nos ha dicho hace muy poco tiempo a través de sus intervenciones sobre la “gran emergencia educativa”, que tenemos que volver a crear una atmósfera cultural que no dude del valor de la persona, del significado del mismo bien y de la verdad, que quiera volver a recuperar y a dar a los jóvenes certezas y convicciones.

La “gran emergencia educativa” tiene que asumir un aspecto muy preciso, el de la transmisión de la fe a los jóvenes. ¡Qué tremendo es el atrevimiento de diseñar una cultura que pretenda poner entre paréntesis a Dios y desalentar las opciones de compromiso definitivas! Hay que caer en la cuenta del abismo en el que ponemos a los jóvenes. La historia nos lo demuestra y la más reciente de Europa, también. La presencia de Dios en la vida del ser humano da crecimiento y maduración a la persona, cambia la mentalidad, no nos hace dudar de la persona humana, ni de su dignidad verdadera, ni del valor de la vida, ni del significado y contenido que ha de tener la verdad y el bien.

Gracias, Don Bosco. Con tu visita suscitas pasión por una educación que transforma la vida y la historia. Nos lo recuerdan aquellas palabras del Evangelio: “Pero yo os digo a los que me escucháis: amad a vuestro enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente” (cf. Lc 6, 27-38).

Está claro, Don Bosco, que tú generaste un modelo educativo lleno de sentido, de fuerza, de fortaleza, de ilusión por llenar la vida del hombre de todo aquello que no solamente no destruye, sino que lo ensalza y enaltece. Te apoyaste en tres valores: reconstruir con los jóvenes el calor de una familia mediante la amistad, despertar su inteligencia con la escuela y hacerles descubrir el sentido de su dignidad y de su vida encontrando a Dios. Éste era el sistema preventivo con los tres ejes: amor, razón, religión. Hoy el problema sigue siendo, fundamentalmente, antropológico. Los jóvenes tienen necesidad de un guía como tú, Don Bosco. Gracias por tu cercanía.

Con gran afecto, os bendice

+ Carlos Osoro

Arzobispo de Valencia

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.