Gente herida por la vida

Los heridos siempre respiran por sus heridas. Es necesario el descubrimiento y acoger de corazón en nuestras parroquias, en nuestros
movimientos, en nuestras comunidades, a todos los heridos de la vida.
Vivamos, como el buen samaritano, sembrando la acogida y la cercanía a todas las personas que sufren en su corazón heridas diarias. Es necesario ayudar al descubrimiento y a la alegría de quien ha conocido todo
tipo de fracasos y sufrimientos y que ya no sabe dónde acudir y presentarle a Jesús, buen samaritano.

Es necesario el descubrimiento y la alegría de quien se sabe amado y
el que su vida está llena de la esperanza cierta de amor sanador de Cristo.
En la medida en que nuestra vida se hace apertura y acogida a los heridos en el camino de la vida, entonces la Iglesia, toda ella, se hace samaritana de todos los sufrientes de la vida. Se hace creíble. Transmite la fe viviendo la caridad.
Sin una llamada a todos los heridos que están necesitados de sanación, no se cumple la misión del Evangelio de sanar los corazones de
aquellos que viven en todas las intemperies.

En la medida en que nuestra vida se hace corazón sin puertas, entonces nos vamos transformando en evangelizadores de los que viven en todas las fronteras. Sin el Amor de Dios no podemos sanar los corazones
heridos. Sin ese amor que comienza a sanar acogiendo, dando esperanza y busca la solución desde la lógica de Dios, nuestra vida se va transformando y se va haciendo cada vez más llamada a evangelizar a tantas personas heridas en el camino de la vida que nos necesitan.

¿CUÁLES SON LAS CLAVES PARA SANAR A LOS hERIDOS DEL MUNDO?

Desde la acogida, invitar a una sanación personal, donde poco a poco
y de un modo gradual se vaya transmitiendo el amor de Dios sanador, de
Cristo a través de la Eucaristía, del perdón de los pecados y de la primacía de la Palabra de Dios.

No hay sanación plena sin Cristo. Cristo nos lleva a aceptar las personas como son y están. Para que desde esta realidad sea como trampolín
para lanzar a curar todas las heridas, para ayudar a que muchos encuentren el gozo y la alegría de ser en el corazón del mundo esperanza para los
decaídos, como dice la Plegaria Eucarística V: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranosla palabra y el gesto oportuno ante el hermano solo y desamparado en el camino de la vida”.

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.