Críticas que nos hacen avanzar

Mons. Antonio Algora    Ha habido un paisano de Zaragoza, catedrático en Historia por más señas, que ha lanzado una soflama diciendo que la Iglesia no ha hecho nunca nada por los demás y menos ahora con la Crisis, y que, al lado del poder, lo único que le importa es mantener siempre fuerte su influencia.

Se pueden dar muchas respuestas a semejantes afirmaciones, aunque no sé si se debe dar ninguna. Ya están “cansineando” con esta misma historia demasiadas veces y es por lo que me lanzo a decir dos cosas: En primer lugar, pedir por favor que no pretendan insultar a miles de millones de católicos, que, a lo largo de cerca de dos mil años y de casi todos los países del Mundo, hemos tratado de vivir lo mejor que hemos podido el mandato del Señor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” ¡Cómo puede una persona juzgar a tantas!

Si lo que quiere decir con la palabra Iglesia es “los dirigentes de la Iglesia: obispos y sacerdotes”, vale también el mismo argumento. ¿De verdad puede afirmar que nunca nadie ha hecho nada por los demás gratuitamente? La respuesta a semejante afirmación es pedirle a los que así piensan que abran los ojos y miren a su alrededor, y, si conocen a algún sacerdote de cerca, que lo dudo, que pregunten a los paisanos que los tratan qué opinan de ellos.

Dicho esto, la vieja sabiduría popular nos dice: “del enemigo, el consejo”. Me pregunto y os pregunto: ¿qué estamos haciendo en esta Crisis? Nos viene bien revisar el hondón de nuestra conciencia y contabilizar en números lo que estamos haciendo las mujeres y varones de fe. Aumentar nuestros donativos a Cáritas hasta los límites de prudencia familiar y social que nuestros bolsillos nos permiten, ya es mucho. Pero debe haber algo más.

Si de hombres y mujeres de fe se trata, hay que empezar diciendo si ¿Estamos rezando insistentemente al Señor por los que más sufren las consecuencias de esta tremenda explotación social de las clases más desfavorecidas? Mirad que, si no nos ocupa la cabeza y el corazón la situación de tantos hermanos que están sufriendo calamidades y no le pasamos a nuestro Dios nuestras tensiones más íntimas, no nos dejaremos transformar por su “Gracia” en testigos trasparentes y eficaces del Amor que Dios les quiere hacer llegar a través nuestro.

Quiero señalar que el efecto mayor de la oración al Padre por los hermanos en sus necesidades es que así nos ponemos a disposición del Señor para convertirnos en instrumentos dóciles en sus manos y poder llevar adelante su voluntad de que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su verdad”. Por esta razón, después de pedir al Señor que se solucionen los problemas de la gente que no tiene trabajo ni nada para echarse a la boca, viene lo de estudiar a fondo la situación y tratar de saber lo que está en nuestras manos hacer. Una vida austera que busca la manera de recortar necesidades creadas que no satisfacen ni dan felicidad, es una condición sin la cual no se da el ir ligero de equipaje y andar suelto de mil historias que nos impiden llegar a sintonizar con la cruda realidad de quien lo está pasando mal a nuestro alrededor.

En estos domingos, en que la comunidad cristiana piensa más en los valores definitivos de la Vida Eterna, sobran comida y bebida, vestidos y adornos que no sirven para nada más que para marcar diferencias con los que tienen menos. También deberemos hablar de lo que podemos hacer juntos, pero esto será otro día.

Vuestro obispo,

 + Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real
Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.