Año de la Fe (VI)

Mons. Juan José Omella     Evangelizar es, por lo tanto, llevar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo al encuentro de Cristo, palabra definitiva de Dios, hecho hombre. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva […] Y, puesto que es Dios quien nos ha amado el primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro” . 

Para ser verdaderos apóstoles, evangelizadores debemos estar llenos de Cristo, de su amor, de su presencia. Nos puede ayudar a entender la centralidad de Cristo en nuestra misión evangelizadora leer detenidamente un extracto de la preciosa homilía que el Papa Pablo VI pronuncio en Filipinas el 29 de noviembre de1970: “Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la Luz, la Verdad, más aún, el Camino, y la Verdad y la Vida; Él el Pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el Nuevo Reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Este es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega, el Rey del mundo, la arcana y suprema Razón de la historia humana y de nuestro destino; Él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; Él es el hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del Cuerpo Místico.

¡JESUCRISTO! Recordadlo: Él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos” .

Precioso texto que nos muestra cómo debemos dejarnos seducir por Jesucristo si queremos ser en verdad cristianos auténticos y apóstoles creíbles.

Y para ello necesitamos intensificar mucho nuestra oración, tanto personal como familiar y comunitaria. Sin la oración no podemos profundizar en la amistad con Cristo. La verdadera evangelización es fruto de una intensa vida de oración, si no se convertirá en una mera transmisión de ideas. “Hoy en día –decía el Papa Juan Pablo II- se necesitan cristianos que se distingan ante todo por el arte de orar” . Aprender el arte de orar debe ser “el punto determinante de todo programa pastoral” . San Juan lo expresaba también de manera excelente: “Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos […] lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos” . Si nuestro anuncio de la Persona de Cristo y su Mensaje no es fruto de la oración podemos caer en el peligro de dedicarnos a adoctrinar y no a ayudar a hacer la experiencia de Dios.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.