Sínodo para la Nueva Evangelización

Mons. Ángel Rubio     Desde el pasado día 8 de octubre se está celebrando en Roma, la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos que terminará el próximo domingo 28 de octubre. Con un lenguaje sencillo podemos afirmar que la Iglesia toda se congrega en la ciudad eterna para preguntarse cómo vive hoy su originaria vocación evangelizadora y cómo llevar a cabo la transmisión de la fe cristiana.

Evangelizar ha sido siempre la actividad primordial de la Iglesia y lo seguirá siendo. De ahí su preocupación constante por justificar esa tarea. La misión evangelizadora de la Iglesia se desarrolla a través de un proceso rico y complejo que comprende un conjunto de elementos constituyentes: La renovación de la humanidad, la evangelización de la cultura, el testimonio de los cristianos, el primer anuncio de Cristo Salvador, la conversión y adhesión del corazón a Jesucristo y su Evangelio, la entrada en la comunidad, la acogida de los signos sacramentales, la promoción del desarrollo humano y el ejercicio de la caridad. Estos elementos son complementarios y mutuamente enriquecedores. Incluyen todo lo que la Iglesia hace, dice, vive y expresa.

Es preciso reconocer que la evangelización es hoy «nueva» porque el mundo, la cultura, la sociedad, el hombre al que se dirige tiene una visión de las cosas, una actitud ante Dios, los demás y el mundo creado que son en gran medida «nuevos». Esta novedad se percibe de forma evidente, si atendemos a las unidades políticas, a las estructuras sociales, económicas y familiares, a la disposición de medios, y al tipo de vida, que configura a este hombre concreto. Dado esta «novedad», el mensaje del Evangelio debe proclamarse, no al margen de la misma, sino teniendo en cuenta sus características,  discerniendo sobre sus valores y contravalores, asumiendo su riqueza y sus riesgos. No intentamos evangelizar a «cualquier hombre de cualquier época», sino a este hombre concreto de esta época histórica concreta, que vive y piensa y trabaja y se ordena y sufre y espera de esta forma bien determinada.

Vivimos en un mundo en el que los problemas y acontecimientos de cualquier pueblo y lugar, son conocidos rápidamente en todas las partes del mundo. El pluralismo cultural y religioso es un hecho actualmente presente en todas partes. Muchísimos bautizados viven inmersos en esta realidad secularizada y pluralista, donde deben dar testimonio de su fe y del anuncio del Evangelio, pero debemos preguntarnos con qué eficacia, con qué incidencia, con qué mordiente respondemos nosotros a este cometido, casi sobrehumano. Nuestros métodos pastorales muchas veces no se adaptan a las exigencias del hombre contemporáneo, que también tiene hambre de Dios, sin saberlo y sin atreverse a reconocerlo.

En las actuales circunstancias en las que la nueva evangelización se dirige tanto a los que no tienen fe para anunciarles a Jesucristo como a los creyentes bautizados para que su fe se robustezca, la Iglesia es urgida a una acción de talante misionero que afecta directamente a la catequesis. «La catequesis debe a menudo preocuparse no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, a abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo». (Juan Pablo II)

El contenido de la nueva evangelización es Jesucristo, Evangelio del Padre, que anunció con gestos y palabras que Dios es misericordioso con todas sus criaturas, que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido entrar en su historia por medio de Jesucristo, muerto y resucitado con nosotros, para librarnos del pecado y de todas sus consecuencias y para hacernos partícipes de su vida divina. En Cristo todo adquiere sentido: el rompe el horizonte estrecho en que el secularismo encierra al hombre, le devuelve en verdad y dignidad de Hijo de Dios y no permite que ninguna realidad temporal, ni los estados, ni la economía, ni la técnica, se conviertan para los hombres en la realidad última a la que deben someterse. Dicho con palabras de Pablo VI, evangelizar es anunciar «el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazareth, Hijo de Dios».

Sólo el Catecismo puede envejecer, nunca el Evangelio. El Catecismo se volverá a escribir periódicamente a lo largo de la historia, sin embargo el Evangelio nunca se podrá volver a escribir de nuevo. En el Año de la fe se nos invita a la  nueva evangelización con nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones, nuevo estilo de vida y de entrega radical a Cristo. 

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
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Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.