Las certezas de mosén Nicolau

Mons. Agustí Cortés    Hace unos días Mn. Francesc Nicolau i Pous, que nos honra contándonos entre sus amigos y hermanos en el sacerdocio, me regaló y dedicó el último de sus libros: Certeses científiques i fe cristiana. Siempre le agradecemos cada uno de sus muchos trabajos, pero éste merece particularmente nuestro reconocimiento. Primero porque constituye una síntesis de lo que siempre ha ido insinuando aquí y allá sobre el problema, muy actual, de la relación entre la fe y la ciencia. Segundo, porque resulta realmente oportuno en el contexto del Año de la fe. Por ello le he pedido permiso, y me lo ha concedido, para aprovecharme de su sabiduría y escribir estas breves líneas.

De Mn. Nicolau recibimos el testimonio luminoso del creyente y sacerdote, enamorado de la inteligencia y la razón, especialmente de la razón científica, “con conocimiento de causa”. Este orden de calificativos debe mantenerse así, como “orden de los amores”, que diría San Agustín: su primer y fundamental amor es Cristo y el sacerdocio, después la inteligencia, la razón y la cultura, y después la ciencia. Cada amor produce su “certeza”, de mayor a menor, y cada certeza funda la siguiente. Pero lo más interesante de su testimonio, en el marco del Año de la fe, es comprobar cómo, conservando esta precedencia, pasa de un “amor” a otro con lucidez, sabedor de que da pasos de un terreno a otro diferente, pero sin rupturas, conservando la coherencia y el equilibrio.

Muchos todavía creen que es incompatible la fe y la ciencia y se decantan por una contra la otra: quienes siguen pensando que tener fe es de poco inteligentes, o quienes renuncian a pensar o a investigar, para defender la fe. Como Mn. Nicolau suele contar, su dedicación a la ciencia (matemática, física, astronomía…), anecdóticamente se debe a que siempre ha obedecido y a las circunstancias que le ha tocado vivir. Pero, más allá de la anécdota, podemos descubrir que la mano providente de Dios le ha llevado a la ciencia del modo como la ha hecho, no a pesar de su fe, sino

precisamente por su fe. ¿Qué le ha aportado la fe? La fe, como en todos nosotros, le aporta un marco fundamental de sentido, la verdad, el valor y la belleza de la vida, el cosmos, la naturaleza, la persona humana, el origen y el destino de todo, el porqué y el para qué de todo lo que existe. Y dentro de ese marco de sentido está la ciencia. Es por eso que la fe ha aportado a Mn. Nicolau la visión realista y objetiva del mundo, la sensatez y el equilibrio, incluso el amor a la ciencia.

– La realidad creada por Dios es tan rica, que requiere muchas miradas. La mirada de la fe nos descubre por qué y para qué existe. La mirada de la ciencia nos dirá algo de cómo existe.

– Cada forma de mirar sabe sus límites, su objeto (qué es lo que mira y ve) y su método (con qué instrumentos), escucha y respeta a la otra, sin ignorarse, ni suplantarse.

– En el corazón y en la inteligencia, especialmente del científico, se puede verificar una iluminadora complementariedad entre la fe y la ciencia.

Seguramente Mn. Nicolau suscribiría lo que me decía un profesor astrónomo y cosmólogo: “asumir la hipótesis de Dios me ayuda a comprender (y vivir) mejor la realidad”. No puede ser de otra manera, puesla Verdadde las cosas, del hombre y de Dios es única.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.