"Misioneros de la fe"

Mons. Demetrio Fernández     A todos los sacerdotes y miembros de la vida consagrada de la diócesis.

Muchos acontecimientos se han sucedido en las últimas semanas, y el domingo pasado celebramos el DOMUND, que se prolonga a lo largo de todo el año, porque no podemos olvidarnos de la dimensión misionera de la Iglesia, que existe para evangelizar. Y concretamente en el DOMUND se concentra el esfuerzo de todo un año para despertar, alimentar y estimular el espíritu misionero, propio de nuestra pertenencia a la Iglesia del Señor. Con este domingo concluimos el octubre misionero, que ha tenido su epicentro en el DOMUND.

Nos encontramos inmersos en el Año de la fe con san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia universal. Este santo, después de vender todos sus bienes y dárselos a los pobres, ligero de equipaje, se disponía a partir para tierras lejanas a predicar el Evangelio, junto al primer obispo de Tlaxcala, Juan Garcés, desde Sevilla. El arzobispo de Sevilla lo retuvo diciéndole: “tus Indias están aquí”. Y se convirtió en apóstol de Andalucía, siendo cura diocesano de Córdoba hasta su muerte en Montilla. 

 Juan de Ávila es un ejemplo de misionero, entonces y hoy. Quien ha conocido a Jesucristo, no puede guardarlo sólo para él. La fe es contagiosa, porque el bien es difusivo. Y uno quiere que los demás puedan gozar de lo que uno ha descubierto como tesoro de su vida. Pero además, si Jesucristo es el único salvador de todos los hombres, “no se nos ha dado otro nombre en el que podamos salvarnos” (Hech 4,12), el misionero siente la urgencia de que todos disfruten de esa salvación con todos los medios que la acompañan, y le quema las entrañas solo pensar que alguno pueda perderse para siempre por no haberle dado a conocer en la tierra

En tierras lejanas o entre los que nos rodean, todos hemos de ser misioneros de la fe. Ese tesoro recibido no mengua al repartirlo, porque la fe se fortalece dándola. En verdad, cuando damos testimonio de nuestra fe, esa fe se fortalece en nosotros. Y esto le hacía exclamar a san Pablo: “Ay de mí, si no evangelizara!” (1Co 9,16). En este Año de la fe, caemos más en la cuenta del gran tesoro que supone haber recibido la gracia de creer y a todos nos debe quemar por dentro el celo de la evangelización, que todos conozcan a Jesucristo y le amen.         

 El DOMUND es una ocasión de reconocer el don de la fe para cuidarlo cada vez más, para profundizar en sus contenidos, buscando las explicaciones que la Iglesia nos enseña, y para intensificar nuestra adhesión personal y comunitaria a Dios que en Jesucristo nos lo ha dicho y nos lo ha dado todo. También el DOMUND es ocasión para agradecer a todos los que dedican su vida a esta preciosa tarea. Cientos de miles en el mundo entero. También entre nosotros, hombres y mujeres, veteranos y jóvenes, sacerdotes, consagrados y seglares, familias enteras, han dejado su tierra, su gente, su cultura, su bienestar y están gastando la vida por los demás para hacerles partícipes de la buena noticia del Evangelio. El DOMUND es ocasión de colaborar con nuestra limosna, nuestro tiempo, nuestro interés, en esta gran causa de la evangelización. Es también ocasión de agradecer a todos los que en nuestra diócesis animan esta dimensión esencial de la Iglesia: delegación de misiones, enlaces en todas las parroquias, trabajo constante para difundir este espíritu misionero. Dios os pague a todos lo que trabajáis en este campo.

Todos somos misioneros. Misioneros de la fe. Pero especialmente aquellos que, saliendo de sí mismos, proponen la fe a otros, como el que ha encontrado un rico tesoro. La fe no se impone, se propone. Pero esta propuesta implica la vida entera, compromete la vida del que lo anuncia y abarca toda la vida del destinatario. Uno no puede ser misionero aficionado, sino dando su vida para que otros tengan Vida. 

 Seamos generosos en la colecta para el DOMUND. Ninguna obra más bonita que la de llevar a otros la alegría y la esperanza de la fe. Apoyémosla con nuestra oración, con nuestro sacrificio, con nuestra limosna. Saldremos ganando todos. 

 Con mi afecto y mi bendición: 

+ Demetrio Fernández González

 Obispo de Córdoba

 

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.