La Jornada mundial de las misiones – DOMUND 2012

 Mons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

De “celebración especial” habla Benedicto XVI refiriéndose a la Jornada mundial de las misiones de este año. Especial porque coincide con el 50º aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, con el Año de la fe y con el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización. Para nosotros, diocesanos de la Iglesia que peregrina en tierras sorianas, es también especial por todos estos acontecimientos eclesiales y porque, como Diócesis de Osma-Soria, estamos empeñados en llevar adelante la Misión diocesana “Despertar a la fe”

El Concilio Ecuménico Vaticano II fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia, reuniendo por primera vez padres conciliares de todo el mundo, lo que contribuyó -y mucho- a tomar conciencia en toda la Iglesia de la urgencia de la evangelización “ad gentes” y de poner en el centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia. 

Benedicto XVI dice que hoy ha aumentado enormemente el número de aquellos que no conocen a Cristo y, con palabras del Beato Juan Pablo II, afirma que “los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso; no podemos permanecer tranquilos pensando en los millones de hermanos y hermanas redimidos también por la sangre de Cristo que viven sin conocer el amor de Dios” (Redemptoris Missio n. 86).           El mismo Benedicto XVI nos urge a tomar conciencia del envío que el Señor nos hace: “hoy como ayer Cristo nos envía por los caminos del mundo a proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra” (Mensaje para la Jornada misionera mundial 2012); proclamación que, como diría Pablo VI en la gran Exhortación sobre la evangelización “Evangelii nuntiandi” “constituye para la Iglesia algo de orden facultativo, por mandato del Señor, con vistas a que los hombres crean y se salven. Sí este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podrá ser reemplazado” (n. 5). Por eso “necesitamos, por tanto, retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio” (Mensaje para la Jornada misionera mundial 2012). 

En este mismo mensaje, Benedicto XVI nos hace una llamada a los Obispos y a nuestra misión de cumplir con el encargo de anunciar el Evangelio como algo que nos compete de forma directa, como miembros del Colegio episcopal, como pastores de cada Iglesia particular. Los Obispos debemos hacer visible el espíritu y celo misioneros del pueblo de Dios para que toda la Iglesia se haga misionera. El Santo Padre nos urge a adecuar estilos de vida y planes pastorales a esta dimensión fundamental de ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo que cambia tan rápido, para que todos cuantos componemos la Iglesia nos sintamos fuertemente interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio, de modo que Cristo sea anunciado por todas las partes; por eso, deberemos dirigirnos a todos los que están lejos de Cristo, a cuantos no le conocen todavía ni han experimentado aún la paternidad de Dios. 

Esto exige, ante todo, una renovada adhesión a la fe -personal y comunitaria- en el Evangelio de Jesucristo, en un momento de cambio profundo como el que la Humanidad está viviendo. Esta adhesión a la fe y el encuentro auténtico con Jesucristo, como quien colma la sed verdadera del hombre, no puede menos de llevar al deseo de compartir con otros nuestra experiencia para que otros puedan vivirla también. Por eso, es necesario renovar en nosotros el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia a Dios, de tal manera que puedan redescubrir la alegría de creer

La fe es un don que se nos da para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; una luz que no debe quedar escondida sino que debe iluminar a todos. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y no podemos guardarlo para nosotros mismos; en este sentido escribió San Pablo a la comunidad de Corinto: “Ay de mí si no evangelizase” (1Co 9, 16) y, por eso, todo cristiano y toda comunidad deben sentirse llamados y co-responsables de la evangelización del mundo, no creyendo que sólo es tarea de los misioneros, de los Obispos, sacerdotes y religiosos, sino que -como don que es para ser comunicado- todos debemos sentirnos implicados y urgidos a transmitir y comunicar lo que nosotros hemos recibido. 

También éste es el propósito de la Misión Diocesana y de la “Misión joven” que, con la ayuda inestimable de Dios, hemos puesto en marcha y que llevaremos adelante durante los dos Cursos pastorales siguientes en nuestra Diócesis. Queremos comunicar a los demás la experiencia propia del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones y que nosotros hemos experimentado en nuestra vida, para que puedan encontrarse con Cristo, convertir su vida al Evangelio y salvarse. 

La evangelización de nuestro mundo, el mostrar el amor de Dios, el ayudar a despertar a la fe, nos pide a nosotros una profunda conversión: nosotros hemos de vivir plenamente, de forma radical, la alegría de la fe para que podamos ser testimonio creíble y correas de transmisión de esta misma experiencia los demás. Seamos todos misioneros: unos, lejos de la patria, de la familia, del su ambiente; otros, desde nuestra vida ordinaria de cada día, desde nuestro testimonio en la familia, en el trabajo y en nuestra sociedad; todos, llenos de entusiasmo, de ardor apostólico por comunicar a los demás el mensaje salvador de Cristo como el Único que puede saciar la sed que el hombre actual tiene dentro de sí.

Celebremos, queridos diocesanos, esta Jornada misionera con espíritu de conversión y testimoniemos ante los demás la alegría de nuestra fe, la alegría del encuentro con el Señor, comunicando la luz de la fe a todos cuantos en nuestro entorno la necesiten, convencidos de que experimentarán en sus propias vidas la fuerza, la paz, la alegría del Señor Resucitado. 

 +Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 346 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.