DOMUND

+Juan José Omella      El paso por África, por las misiones, es siempre un gran regalo de Dios. Allí se aprende a dar gracias por tantos dones como hemos recibido, no sólo materiales, sino también espirituales (por ejemplo el precioso don de la fe) y culturales (por ejemplo haber podido cursar unos estudios o una buena formación profesional).

Nuestros hermanos africanos de la región de N’Dali, en Benin, donde trabajan los misioneros riojanos, carecen de todos esos medios y ¡cuánto agradecen la presencia de esos misioneros y la ayuda que a través de ellos les llega! Sí, con la ayuda de Manos Unidas, de Cáritas y algunas ONG,s; a través del Gobierno de nuestra región, del Ayuntamiento de Logroño y de algunos pueblos; a través de parroquias y de aportaciones personales, se ha podido poner las bases para un buen desarrollo: luz eléctrica, unas cuantas fuentes de agua potable, escuelas, pequeñas cooperativas para moler el arroz, el aceite de karité, etc. 

Y junto al desarrollo material, cultural, sanitario y agrícola, los misioneros les dan la gran riqueza del conocimiento de la Palabra de Dios, de los mandamientos del Señor, de los Sacramentos, base para una verdadera convivencia en paz y en fraternidad. Es impresionante ver cómo crece de año en año el número de los que piden inscribirse en el catecumenado (que dura cuatro años como mínimo) para poder recibir el bautismo.

En mi reciente viaje a la misión diocesana de Fô-Bouré (Benin) para celebrar el 25 aniversario de la misión, tuve la oportunidad de estar presente en una reunión con los 100 catequistas que trabajan en las distintas comunidades que conforman la parroquia. Les pregunté qué cosas positivas y negativas encontraban en su trabajo.

Hablaron prácticamente todos. No tuvieron ningún reparo de manifestar en público sus opiniones. Valoraban muy positivamente el ver que la Iglesia Católica era cada vez más apreciada por la sociedad, lo cual animaba a muchos a pedir el bautismo. Comentaban que la religión católica ya no se ve como cosa de blancos, de europeos, porque los misioneros y los católicos africanos se implican profundamente en el desarrollo del país construyendo dispensarios y centros de salud, escuelas, pozos de agua potable, instalación de luz eléctrica, cooperativas, etc. Y añadían que en Cristo encuentran el sentido de la vida, de una vida en paz, en libertad y en fraternidad.

Lo negativo, lo que les hacía sufrir, era que, algunas veces, los insultaban y hasta habían llegado a apedrearles. Y que algunos habían secuestrado a catecúmenos para que no acudiesen al catecismo ni a la iglesia intentando con medios violentos alejarlos de la comunidad cristiana. Pero a pesar de esas dificultades sentían un gozo inmenso de seguir a Cristo y anunciar su mensaje de amor.

Escuchando esas confesiones se siente una verdadera emoción interior. Y recordaba las palabras de san Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?[…] Nadie ni nada podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.

Ojalá que de nuestras comunidades cristianas de La Rioja surjan muchos misioneros. Ojalá que sepamos vivir nuestra fe de cristianos con valentía. Y ojalá que sepamos transmitirla a nuestro alrededor.

Que santa María, la Virgen, nos ayude a permanecer firmes en la fe y constantes en la caridad.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.