Domund 2012 – Misioneros de la fe

Mons. Antonio Algora    En este “Año de la fe”, recientemente inaugurado, lógico es que el lema del DOMUND sea “Misioneros de la fe”. Pero ¡cuidado! Que, por lo que nos dice el Papa en su Mensaje para esta ocasión, no está señalando sólo a los sacerdotes, religiosos y seglares, más de 150 misioneros de Ciudad Real sembrados por todo el Mundo. Todos en la Iglesia estamos llamados a ser, con nuestra palabra y nuestro testimonio, “Misioneros de la fe”.

Perdonad los que leéis estas páginas del “Con Vosotros”, pero, si me meto descaradamente con vosotros para que todos seamos “Misioneros de la fe”, es por un mandato del Señor a los Apóstoles y, por tanto, a sus sucesores. El Papa nos recuerda a los “pastores” que no nos podemos contentar con apoyar el envío de sacerdotes, y laicos a las Misiones, sino que debemos implicar a todas las actividades y los sectores de la Iglesia: “todo su ser y su trabajo”. Efectivamente, no acaba la Misión de la Iglesia en enviar misioneros y en dotarlos de medios económicos para que desarrollen, en las regiones más empobrecidas de la Tierra, la Misión.

El mandato del Señor nos afecta a todos y a todo: “Adecuar constantemente estilos de vida, planes pastorales y organizaciones diocesanas”, señala el Papa… “todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia deben sentirse interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio”. A la vez, debemos considerar de dónde le viene a la persona cristiana el impulso misionero; decíamos el domingo pasado que todo se apoya en ese percibir el Amor, la Misericordia que Dios ha tenido con cada uno de nosotros: Después de haber acogido en el corazón a Cristo Señor, ¿qué otra cosa hubiera podido hacer (la samaritana) sino dejar el cántaro y correr a anunciar la Buena Noticia? (San Agustín).

Ser “Misioneros de la fe” implica la experiencia del perdón de Dios y el continuo servicio de crecer en ese proceso de conversión al Amor de Dios. Así el anuncio del Evangelio se va haciendo fuerte en la coherencia de vida de quien es fiel -digno de fe. Es la aplicación que hace el autor de la Carta a los Hebreos. Dignos de la fe que profesamos en el único Fiel que es Jesucristo y único capaz de transformarnos en sus testigos.

En estos tiempos que todo lo achacamos a la Crisis económica hasta puede sonar a oportunista, pero no. Anunciar el Evangelio “se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las diversidades étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas” (Del Mensaje de Benedicto XVI para el DOMUND de este año)

Y esto que ha dicho el Papa: “siempre” no porque ahora haya más pobres, sino porque siempre hay pobres de Dios, de cultura y de pan. Sin la fe de la Iglesia nuestra caridad se convierte en una más de las acciones sociales que puedan ofrecer administraciones públicas o particulares en, más de una ocasión ocasionales, coyunturales y siempre escasas. Recojamos, pues, el Mandato del Amor para ser Misioneros de fe en nuestros ambientes, en nuestras casas, en el seno de nuestras familias… donde quiera que haya un cristiano se ha de ver el Amor de Dios, se ha de sentir la Presencia de Jesucristo, alguien tiene que percibir que Dios le ama aun en su increencia y desconfianza.

Vuestro obispo,

 + Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real
Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.