Misioneros de la Fe

Mons. Braulio Rodríguez     Era el Papa san Gregorio Magno quien se lamentaba en su tiempo, al ver que, habiendo mucha gente dispuesta a escuchar cosas buenas, eran pocos los dispuestos a anunciar el Evangelio, a ser “obreros de la mies” que, como anunciaba Jesús “es mucha”. Pero en verdad que Cristo, hoy como ayer, al que quiere seguirle, rápidamente le implica en la proclamación del Evangelio a los demás. No se explica que alguien que haya conocido bien al Señor, que haya sido alcanzado por Él, tocado por su amistad, no sienta en su interior un deseo fuerte de darle a conocer. Lo cual es lógico, puesto que Cristo es experimentado por el que le conoce como alegría, salvación, gozo que se difunde.

Se me ocurre que no puedo empezar de otro modo mis palabras ante este nuevo Domingo mundial de la propagación de la fe (Domund), una vez que hemos empezado el Año de la Fe y toda la Iglesia está inmersa en evangelizar, en “una nueva evangelización”. Hay un mandamiento misionero para todos los miembros del Pueblo de Dios, ahora que recordamos los 50 años del Concilio Vaticano II y los 20 de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, o precisamente por esta conmemoración. Lo que ocurre es que el Papa Benedicto me recuerda a mí, Obispo de la Iglesia de Toledo, que “<los obispos> han sido consagrados no sólo para una diócesis, sino para la salvación de todo el mundo” (Juan Pablo II, Redemptoris  missio, 63), y que tenemos que ser “mensajeros de la fe, que llevan nuevos discípulos a Cristo” (Ad gentes, 20). Yo soy el que tengo que hacer visible el espíritu y el celo misionero del Pueblo de Dios, para que toda la diócesis se haga misionera” (Ibíd., 38).

Benedicto XVI no se anda por las ramas y en su mensaje del Domund 2012 me indica que el mandato de predicar el Evangelio para mi no se agota en la atención en la atención a la porción del Pueblo de Dios que se me ha confiado (Toledo), o en el envío de algún sacerdote, o algún laico o laica como “don de la fe” a otras Iglesias más necesitadas. Lo cual me inquieta sobremanera. ¿Cómo cumpliré con este deber? ¿Cómo hacer para que todos los que componen este gran mosaico de la Iglesia de Toledo se sientan fuertemente interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio en todas partes, aquí y en la tierra de misión ad gentes, esto es, en lugares donde la Iglesia no está consolidada?

Esa misión lejos de nuestra tierra toledana debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales de Toledo, viene a decir el Santo Padre. ¿Queréis ayudarme? Como san Pablo, hemos de dirigirnos a los que están lejos, tanto como a cuantos aquí en Toledo desconocen a Cristo. En realidad es la misma misión y el que en su entorno no evangeliza, ¿cómo va a estar preocupado por misionar lejos? Si no hay en nosotros una renovada adhesión a Cristo, como lo más grande a conocer en este mundo, ¿habrá en nosotros el deseo de comunicar eficazmente la Palabra de Dios? Refiere el Papa que uno de los obstáculos para la evangelización, sea nueva en nuestro entorno o de primer anuncio en otros países, es la crisis de fe, por desgracia nos sólo en el mundo occidental, sino en la mayor parte de la humanidad. De ahí que sea tan importante que se den las condiciones aquí y allí para un encuentro con Cristo como Persona viva y nazca un deseo de llevar este gozo a todos.

Hace falta, pues, la alegría de creer. Y la preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial en ninguna parroquia o grupo apostólico y asociación cristiana. “Misioneros de la fe”; por tanto, tiene que oírse en nuestro entorno lo fundamental cristiano: Cristo ha muerto y resucitado para la salvación y para dar sentido a la vida de los hombres. Para ello fue enviado Jesús por el Padre y mostrarnos así su amor, pues no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana. Esta luz no puede quedar escondida. Se trata, hermanos, en el caso de preocuparse de la misión “ad gentes”, de mostrar una gran comunión y de una caridad entre las Iglesias, para que todo el mundo pueda escuchar el anuncio que cura y acercarse así a los sacramentos que son fuente de verdadera vida. ¿Quién nos dice que en América, África, Asia no va a dar más fruto el anuncio del Evangelio de Jesucristo que entre nosotros, que tantas veces no hacemos caso a tal anuncio?

Esa cooperación en la misión universal de la Iglesia la llevan adelante la Obras Misionales Pontificias, entre otras muchísimas obras, por medio de la gran colecta del Domund: es una manera de ayudar al prójimo, de hacer “justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de la divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas” (Benedicto XVI, Mensaje para el Domund 2012, 11). ¿Queréis ayudarme en esta tarea como vuestro obispo, pero también de la Iglesia universal? Muchas gracias. 

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.